Lydia gimió. Le dolía todo el cuerpo y, sin embargo, por extraño que pareciera, se sentía… revitalizada. Al abrir los ojos poco a poco, se dio cuenta de que alguien le masajeaba las muñecas con delicadeza.
—¿Ya despertaste?
Una sonrisa le asomó a los labios. A su lado, Cale, sentado con expresión concentrada, movía las manos con cuidado y trazaba círculos que le aliviaban el dolor.
—¿Desde cuándo estás despierto?
—Tal vez hace una hora —respondió Cale con despreocupación—. Ya te puse pomada en los moretones. Perdón si anoche fui un poco brusco.
Lydia rio.
—Pero disfruté mucho lo de anoche.
Cale arqueó una ceja con un brillo travieso en los ojos.
—¿Quieres otra ronda? Todavía tengo varias sorpresas preparadas.
Lydia lo miró con desaprobación.
—No. Necesito que mi cuerpo se recupere. Estar a tu altura es agotador.
Cale le tendió la mano. Lydia vaciló un instante y lo observó con atención y al final puso la mano sobre la suya. Creyó que solo la ayudaría a ponerse de pie. Pero, por supuesto, no fue así.
Con un movimiento ágil, Cale la levantó en brazos. Lydia gritó de sorpresa y, por instinto, se aferró a su cuello.
—Ya le pedí al personal que preparara el desayuno —dijo él con naturalidad, como si lo que estaba a punto de añadir no tuviera importancia—. Y creo que… solo nos quedan unas tres horas para arreglarnos.
—¿Tres horas? —Lydia entrecerró los ojos—. ¿Para qué?
Cale la miró, divertido.
—¿Olvidaste nuestra luna de miel?
Lydia se quedó paralizada un instante. Y entonces…
—¡Dios mío! —Lydia se retorció en sus brazos, tratando de bajarse—. ¿¡Por qué no me despertaste antes!?
Cale sonrió de lado.
—¿Cómo iba a atreverme a despertar a mi esposa cuando estaba tan cansada de atenderme?
—¡Bájame ya! —protestó Lydia, intentando soltarse.
—Ni lo sueñes. —Cale siguió caminando sin inmutarse—. Y deja de moverte así, que te puedes caer.
—¡Por eso mismo deberías bajarme!
Lydia ni siquiera alcanzó a poner los pies en el suelo. Cale la llevó en brazos hasta la pequeña mesa del rincón de la habitación. Los recibió el aroma del desayuno caliente: pan tostado, huevos, fruta fresca y una taza de café que aún despedía finos hilos de vapor.


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