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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 641

La puerta de la habitación no estaba cerrada del todo. Lydia lo notó desde el principio, pero no pensaba aprovecharse de eso. Solo quería un momento para serenarse, para acallar esa inquietud que llevaba rato sintiendo, difusa pero persistente. Pero entonces escuchó su voz.

Cale. Y así, se detuvo antes de avanzar. Se quedó inmóvil detrás de la puerta, escuchando.

Su esposo hablaba por teléfono. No sabía con quién, pero por el tono, parecía hablar con alguien cercano y de confianza. Quizá uno de sus hombres más leales. Lydia no podía estar segura.

Sí sabía que Cale hablaba de otra manera.

Hablaba en un tono más bajo y cauteloso. No como el hombre que la había abrazado en el auto apenas unos momentos antes, como si nada hubiera pasado. Había pausas entre sus palabras y una tensión que se percibía sin necesidad de nombrarla.

Y por alguna razón... Lydia no fue capaz de alejarse. La curiosidad la mantuvo en su sitio, sobre todo cuando empezaron a surgir nombres desconocidos, uno tras otro. Naomi Devereux. La familia Devereux. La familia Evermont. Falcon.

Todos le resultaban desconocidos; sin embargo, por la manera en que Cale los pronunciaba... no lo eran. Aquello no era simple familiaridad. Cale estaba involucrado con aquellas familias.

Lydia se mordió el labio y contuvo la respiración cada vez que él bajaba la voz y hablaba con mayor gravedad. Como si cada palabra suya revelara fragmentos de una verdad que nunca le habían permitido ver.

No lo entendió todo con claridad, pero escuchó lo suficiente. Bastó para confirmar algo. Cale sabía mucho más que la identidad de esa chica.

Formaba parte de una realidad que jamás le había mostrado.

Y cuanto más tiempo pasaba ahí parada, más intensa se volvía la sensación que había intentado ignorar. Esa inquietud callada que poco a poco se transformaba en algo más difícil de nombrar.

No era solo curiosidad. No era solo preocupación. Era miedo.

Porque aquello en lo que Cale estaba metido... iba mucho más allá de los negocios. La llamada terminó al fin y dejó un silencio que casi pesaba. Lydia tardó en notarlo. Seguía ahí de pie, todavía alterada, como si aún no asimilara que la conversación había terminado.

Solo después de un momento retrocedió un paso, se apartó de la puerta y volvió despacio hasta el borde de la cama. Se sentó, apretó las manos entrelazadas e intentó ordenar las preguntas que se agolpaban en su mente.

Así que sus sospechas eran ciertas. Cale conocía a esa chica. Y no se trataba de algo superficial.

Había algún vínculo entre ellos. Lydia aún no sabía qué, pero era lo bastante importante para hacerlo hablar así. Lo suficiente para que salieran esos nombres. Nombres que ella no entendía, pero que sin duda tenían una importancia mucho mayor de la que alcanzaba a comprender.

Familia. Masacre. Control.

Las piezas todavía no encajaban del todo. Pero bastaban para que Lydia vislumbrara parte de la verdad, y de algún modo eso lo empeoraba. La incertidumbre la carcomía y la dejaba más inquieta que si no hubiera sabido nada.

Lydia se quedó mirando al vacío.

—Cale... —susurró.

Lydia exhaló, sin apartar los ojos de él.

—Porque sé... que me ocultas algo. Prometiste que me lo contarías.

Cale no respondió enseguida. Bajó la mirada un instante antes de volver a encontrarse con la de ella. Y por primera vez en la noche, no se veía del todo sereno.

Lydia tragó saliva.

—¿Conoces a esa chica?

Cale se pasó una mano por el cabello, lo despeinó un poco y suspiró largamente. Ya no había forma de evitarlo. No es que pensara ocultárselo, pero aun así... se suponía que era su luna de miel, y ahí estaba, a punto de revivir un pasado que no deseaba recordar.

—Lo prometiste...

—Lo sé, mi amor —la interrumpió Cale con delicadeza, con una sonrisa. Se acercó y se sentó junto a ella.

Lydia no se resistió, ni siquiera cuando él se recostó contra su hombro y dejó descansar parte de su peso sobre ella, como si buscara un consuelo silencioso.

—¿Te molestaría... que nuestra luna de miel se viera interrumpida por una historia de mi pasado? —preguntó Cale en voz baja, mientras jugaba distraídamente con las puntas del cabello de Lydia.

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