El vapor tibio llenaba la habitación y subía en suaves volutas desde el agua apenas agitada. La luz del día entraba por los amplios ventanales e iluminaba la superficie del jacuzzi con vista al centro de Berlín. El contraste entre el frío de afuera y la calidez de adentro volvía el momento... casi demasiado tentador como para resistirse.
Lydia seguía de pie a unos pasos, todavía indecisa. Dentro del agua, Cale estaba recostado con toda naturalidad, el brazo apoyado en el borde. No apartaba la mirada de ella y exhibía una tranquilidad sospechosa.
—¿Te vas a quedar ahí parada? —preguntó en tono ligero—. Ya me ofrecí a ir por ti.
Lydia se cruzó de brazos.
—Lo sigo pensando.
—¿Qué piensas?
—Si invitarme al jacuzzi es una trampa.
Cale se rio.
—Si lo es, pero te diste cuenta demasiado tarde.
Lydia entrecerró los ojos, aunque se le escapó una sonrisa. Al fin entró despacio y sintió el agua tibia alrededor del cuerpo. La tensión de su cuerpo empezó a disolverse mientras se acomodaba en el lado opuesto.
—Así está mucho mejor —murmuró.
Cale no respondió. Se acercó sin prisa hasta eliminar la distancia entre ellos.
—¿Sigues enojada? —preguntó en voz baja.
Lydia suspiró.
—Solo estoy decepcionada.
—¿Por el postre?
—No finjas que no sabes por qué estoy decepcionada.
Sonrió apenas.
—Está bien. Estás decepcionada por mí.
—Sí. Por ti.
Se produjo un silencio, pero no el silencio tenso de la noche anterior. Este resultaba más llevadero y ligero.
Cale extendió la mano y la atrajo hacia él con un tirón suave, sin forzarla, apenas lo necesario para que ella se dejara llevar sin mucha resistencia. El agua onduló alrededor de los dos.
—Te lo voy a compensar —dijo con voz grave.
—¿Con qué? —Lydia arqueó una ceja.
—Una cena como se debe.
—Suena a promesa vacía.
—Eso, júzgalo después.
Lydia lo estudió unos segundos y luego exhaló despacio.
—Bien. Te tomo la palabra.
Cale asintió apenas. Sus dedos le rozaron la muñeca con un toque ligero, casi distraído, como si necesitara comprobar que ella de verdad estaba ahí. Después su mano bajó y se entrelazó con la de ella.
La sostuvo con firmeza. El ambiente volvió a ser cálido, íntimo y casi romántico... hasta que Lydia habló de nuevo.
—Cale.
—¿Mmm?
Ella dudó, pero esta vez no se contuvo.
—Sobre esa chica...
Cale le apretó ligeramente la mano. La calma entre ellos desapareció y el ambiente se volvió más tenso.
—Naomi —agregó Lydia en voz baja.
Cale la miró, solo un instante, antes de apartar la vista. No porque no pudiera responder. Sino porque no quería.
Y eso bastó para que Lydia entendiera. Se había metido en un terreno que él prefería evitar.
—No te oculto nada —dijo Cale al fin, con la voz más apagada que antes.
Lydia le sostuvo la mirada.
—Lo sé. Ya me contaste mucho.
—Más de lo que le he contado a nadie.
Su tono era tranquilo, pero transmitía una firmeza inquebrantable. Lydia se limitó a asentir.
—Por eso quiero saber qué piensas hacer ahora.

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