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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 647

—¿En serio… esperas que siga usando esto? —susurró Lydia, con evidente incredulidad mientras caminaba con el aparato todavía dentro.

—¿Tú qué crees? —Cale la miró con picardía y le rodeó cariñosamente la cintura con el brazo—. ¿Debería aumentar la intensidad, mi amor?

—¡Cale!

Cale se rio, divertido por cómo Lydia se ruborizaba, atrapada entre la vergüenza y algo mucho más peligroso. Pero de una cosa estaba seguro. Ese rubor en sus mejillas se debía a lo que ella sentía en ese momento.

Cuando llegaron al vestíbulo, Andrew ya los esperaba. Se acercó enseguida para informarles de que el auto estaba listo para llevarlos a donde quisieran ir esa noche.

—¿Hay algún lugar que les gustaría visitar? —preguntó Andrew con cortesía y les indicó con un gesto que subieran al auto.

—Pregúntale a mi esposa, Andrew. Ella decide esta noche —dijo Cale, reprimiendo una sonrisa.

Lydia lo miró con dureza. Se acomodó en el asiento con cuidado, tratando de parecer tranquila a pesar de lo… difícil que era. El aparato en su interior vibraba sin pausa, y cada pequeño movimiento lo volvía aún más difícil de ignorar.

—No —respondió Lydia, esforzándose por sonar firme—. Mejor volvamos al hotel.

Andrew parpadeó, algo sorprendido. Hacía un rato, ella estaba ansiosa por visitar una atracción tras otra. Ahora, en cambio, quería volver al hotel. Quizá la velada la había agotado. Siempre quedaba el día siguiente para recorrer la ciudad.

A su lado, Cale se inclinó un poco y murmuró con picardía.

—Tengo curiosidad… por saber cómo se ve ahí abajo. —Su mirada se desvió hacia las piernas apretadas de Lydia—. ¿No puedes abrirlas un poquito para mí?

—¡Cale! —siseó Lydia con los puños apretados.

¿Cómo podía decir algo así… justo aquí? En el auto, con Andrew y el chofer presentes. ¿Y si lo oían? O peor aún, ¿y si comprendían lo que ocurría?

—Solo pregunto. —Cale rio y se recostó en el asiento como si nada. Le indicó a Andrew, sin darle importancia, que regresaran al hotel, como Lydia había pedido. Una de sus manos se deslizó al bolsillo y…

—¡Mmm!

—¿Señora Miller? —Andrew se volvió un poco, preocupado—. ¿Pasa algo?

—N-no, nada —se apresuró a responder Lydia, y le lanzó a Cale una mirada fulminante—. No pasa nada, Andrew. —Se obligó a quedarse quieta, aunque era casi imposible—. ¿Podría conducir un poco más rápido? Nos gustaría llegar pronto al hotel.

—Por supuesto —respondió Andrew, todavía confundido.

Él se preguntó qué estaba pasando. Lydia se veía inquieta, con la cara encendida, casi como si estuviera incómoda… pero, en fin, pensó que era mejor no preocuparse demasiado en el asunto. Y, fuera lo que fuera, su esposo estaba ahí, a su lado.

El auto avanzó veloz por las calles nocturnas de Berlín; las luces de la ciudad se deslizaban por las ventanas como cintas de oro en movimiento. Adentro, el ambiente se había vuelto inconfundiblemente tenso. Nadie hablaba.

Pero Cale, por su parte, había contenido una sonrisa durante todo el trayecto. Miraba de reojo a Lydia. La veía acomodarse inquieta en el asiento, tratando sin éxito de parecer serena.

De vez en cuando, Lydia dejaba escapar un suspiro apenas audible y se mordía el labio inferior para contener las sensaciones que la recorrían. No era cómodo, todo lo contrario… y aun así…

—¿Por qué tarda tanto? —murmuró.

Se enderezó y entrelazó los dedos sobre el regazo. Se obligó a mirar al frente, con algún vistazo por la ventana, como si la ciudad al pasar pudiera distraerla.

Pero su respiración… Era irregular.

A su lado, Cale iba cómodamente recostado, con un brazo extendido sobre el respaldo del asiento. Su mirada se desviaba hacia ella de vez en cuando; nada evidente, pero suficiente para captar cada pequeña reacción que ella se esforzaba tanto en ocultar.

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