Y de algún modo, la falta de contacto intensificó el deseo de Lydia.
Lydia lo miraba de reojo ocasionalmente. Sin darse cuenta, se humedecía los labios, un gesto pequeño que no pasó desapercibido y que le sacó a Cale una sonrisa cómplice.
Las puertas del ascensor se abrieron. Caminaron hacia su habitación en silencio. Y en cuanto la puerta se cerró tras ellos... Lydia se detuvo.
Solo permaneció así un segundo. Luego se volvió. Sin previo aviso, sujetó a Cale y lo atrajo hacia ella con un movimiento rápido. El gesto bastó para sorprenderlo, apenas una fracción de segundo, pero él sonrió con satisfacción.
Porque Lydia lo besó primero. Fue un beso rápido y urgente. Sus alientos se mezclaban, como si todo lo que ella había estado conteniendo por fin encontrara salida.
Cale se sorprendió por un instante, pero la sorpresa duró muy poco. Al segundo siguiente reaccionó. La atrajo hacia sí y le devolvió el beso con la misma intensidad, sin la contención ni el control de siempre. Esta vez... dejó que Lydia llevara la iniciativa.
—¿Así que toda tu inquietud era por besarme? —murmuró contra sus labios.
Lydia no respondió. Volvió a atraerlo y lo besó sin pausa. Cale sonrió apenas en medio del beso, disfrutando el momento en que Lydia por fin se rendía al mismo deseo que él había despertado en ella.
Y poco a poco... él empezó a tomar el control. Llevó las manos hasta su cintura y la sostuvo con firmeza y cuidado mientras la guiaba hacia atrás. Retrocedieron un paso y luego otro. La respiración de ambos se volvió irregular, y Lydia no tenía intención de detenerse.
Al contrario, su impaciencia solo crecía.
Apoyó las manos en el pecho de él, aferró el saco y se lo quitó con movimientos rápidos, casi ansiosos. Lydia desabrochó un botón tras otro sin titubeos, sin esperas, sin permiso.
Parecía que todo lo demás había dejado de importar, excepto la liberación que perseguía desde el principio.
—Con calma, mi amor —murmuró Cale contra su aliento, aunque su tono no buscaba frenarla en realidad; parecía disfrutar el caos que Lydia había desatado.
—No puedo —susurró Lydia con la voz tensa, a punto de quebrarse—. Tú fuiste quien me puso así.
Cale rio. La sujetó con más firmeza por la cintura para sostenerla mientras ella seguía retrocediendo. La dejó forzar sus límites, dejó que fuera la primera en perder el control.
La espalda de Lydia estuvo a punto de tocar la cama cuando Cale la retuvo un poco, sosteniéndola ahí, como si quisiera prolongar deliberadamente la tensión que la dominaba.
—Por favor... —Lydia habló con un susurro, cargada de algo que ya no podía ocultar. Se aferró a la camisa de él y lo atrajo más—. Detén esto... por favor.
Cale bajó la cabeza, tan cerca que sus alientos volvieron a entrelazarse.
—¿Quieres que detenga el aparato? —repitió él en voz baja.
Lydia sacudió la cabeza con rapidez; la frustración se abría paso.
—Se siente... —Cerró los ojos con fuerza y dejó que una mano le resbalara muslo abajo—. Por favor.
Cale la miró con intensidad, firme, en marcado contraste con el descontrol de Lydia.
—Entonces suplícamelo como se debe, mi amor. —Le rozó con los dedos la mejilla encendida.
Esta vez Lydia lo aferró por los hombros con más fuerza.
—No me hagas esperar más.
Cale se quedó inmóvil. Solo permaneció así un segundo. Pero bastó para casi acabar con el poco control que le quedaba a Lydia. Luego, sin decir más, la atrajo hacia sí; y esta vez no se guardó nada.
Lydia cayó sobre la cama cuando Cale la recostó, con movimientos cuidadosos. Sus manos no la soltaron; la sostuvieron para que no cayera.
—En serio que no tienes paciencia —murmuró.
Lydia lo miró, con la respiración irregular y la cara encendida; pero esta vez ya no quedaba resistencia en ella.
—Deja de hablar —susurró.
Cale sonrió. Y por primera vez desde que todo eso empezó, dejó de contenerse.
—En ese caso... —Se quitó la camisa, que ya colgaba abierta—. Déjame encargarme de ti, mi amor. Me aseguraré de que recuerdes muy bien lo que te voy a hacer esta noche.
***
Un rato después, la habitación quedó de nuevo en silencio.

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