Cale dejó escapar una risa breve, sin nada de humor.
—Peor de lo que imaginaba.
Lydia relajó un poco el abrazo para poder mirarlo a la cara.
—¿Fue por alguien que conozca?
Cale rio.
—Había unos cuantos ancianos que conociste en el banquete. Y ya sabes que la gente mayor habla de más.
Su tono sonaba casual, pero Lydia sabía que se estaba obligando a mantener la calma para no volver a estallar esa noche.
—No has comido, ¿verdad? —preguntó Lydia en voz baja.
—No quiero comer.
—¿Seguro? —Lydia sonrió apenas, le tomó la mano y lo llevó hacia la mesa en el centro de la habitación, donde la cena que debieron compartir horas atrás seguía intacta.
Cale miró por fin la mesita llena de platos.
—¿Me esperaste?
—¿Para quién crees que es todo esto?
La mirada de Cale se volvió tierna.
Lydia siempre había tenido ese don.
En medio de ese mundo oscuro, entre amenazas, presiones de todas partes y la sangre que le manchaba las manos por pura supervivencia, ella todavía lograba crear un verdadero hogar.
—Come un poco —lo animó Lydia con dulzura—. Aunque sea, tómate la sopa. —Le indicó que se sentara a su lado—. ¿La caliento de nuevo?
—No hace falta —respondió Cale y exhaló despacio antes de asentir por fin—. Está bien. Cenemos juntos.
Se sentaron uno junto al otro en el sofá. Lydia sirvió la sopa en un tazón pequeño mientras Cale se recostó, agotado, y se frotó la sien con la mano sana.
—¿Cómo está Naomi? —preguntó él de pronto.
—Ya está un poco más tranquila.
Cale no dijo nada.
Lydia lo miró de reojo.
—Debe de estar muy agitada, Cale. Estuvieron a punto de secuestrarla delante de tanta gente.
Cale apretó la mandíbula.
—Llegué tarde.
—Llegaste antes de que fuera demasiado tarde.
—Casi llegué demasiado tarde. —La tristeza volvió a asomar en sus ojos—. Si hubiera llegado unos minutos después, se la habrían llevado.
Lydia guardó silencio.
Sabía que Cale cargaría con esa culpa durante un tiempo. Cuando se trataba de alguien bajo su protección, siempre reaccionaba así.
—Debí reforzar la seguridad desde el principio —murmuró Cale—. Sabía que Falcon no se iba a quedar quieto.
—No puedes controlarlo todo.
—Debería poder —respondió Cale con una dureza excesiva hacia sí mismo.
Lydia dejó el tazón de sopa en la mesa y se acercó. Le sostuvo la cara entre las manos con delicadeza.
—No eres Dios.
Se miraron en silencio durante varios segundos. Por primera vez esa noche, Cale logró relajarse un poco. Lydia sonrió y volvió a abrazarlo con cuidado.
—Naomi sigue aquí. Está a salvo; no le pasó nada y por ahora no hay de qué preocuparse. Eso es lo que importa.
Cale cerró los ojos un momento.
Lydia tenía razón. Pero su furia no iba a desaparecer con facilidad. Ya había decidido cobrárselas a quien se hubiera atrevido a atacar a Naomi.
Poco a poco estrechó a Lydia por la cintura, como si necesitara aferrarse al consuelo que solo ella podía ofrecerle.
—Y odié esa maldita reunión —murmuró.
Lydia se rio.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...