—Jamás imaginé que pasaría algo así —dijo con gravedad uno de los ancianos de la familia Devereux.
Desde que comenzó aquella reunión imprevista, todos se mantenían tensos y alterados. Aunque Cale ya había explicado la situación y la mayoría había estado presente en la escena, se trataba de la seguridad de Naomi.
Era la única heredera y por fin había regresado tras más de una década desaparecida.
—Nadie esperaba algo así, señor Adam.
Varios soltaron suspiros cansados casi al unísono.
—Nuestra gente seguirá investigando quién estuvo detrás del ataque de esta noche. Aunque el señor Devereux eliminó casi todas las pruebas al acabar con los atacantes, estoy seguro de que aún quedan pistas.
—Estoy de acuerdo.
—Enviaré a mi equipo para que coopere con el suyo, señor Liam.
La discusión continuó mientras evaluaban distintas hipótesis e intentaban identificar a todos los involucrados en el incidente. La tensión en la sala nunca cedió y todos seguían serios. Nadie parecía agotado, aunque la noche ya estaba avanzada. El personal de servicio iba y venía sin cesar, trayendo comida y bebidas y cuidando que todos los invitados de esa noche estuvieran cómodos.
Esa era la orden del señor Devereux, el jefe de la familia.
Con el paso de las horas, el salón principal de la residencia Devereux quedó casi vacío. Solo quedaban unos cuantos guardias apostados y atentos en los corredores. Afuera, la lluvia aún no había cesado. El aire frío del bosque que rodeaba la mansión se colaba adentro y volvía el ambiente todavía más pesado, sobre todo ahora que algunos invitados ya habían decidido volver a sus casas.
Pero, por lo visto, no todos pensaban dar por terminada la larga noche e irse a dormir.
En un rincón del salón, varios de los dirigentes de mayor antigüedad de la familia Devereux seguían sentados alrededor de una mesa redonda, con gesto solemne. El cenicero empezaba a desbordarse de colillas y el aroma amargo del té impregnaba el aire.
—Alec actuó con demasiada imprudencia esta noche.
Uno de los hombres mayores habló por fin tras escuchar a los demás durante casi toda la velada. Su mirada reflejaba una insatisfacción inconfundible. Ya había comprobado que ninguno de los hombres de Alec vigilaba los alrededores. No había manera de que esa conversación llegara a oídos de Alec.
—Mató a todos sin dejar a uno solo con vida para interrogarlo —continuó irritado—. La verdad, sigo sin estar conforme con la explicación que dio antes.
—Tiene razón, señor Liam. Podríamos haber conseguido información importante —intervino otro hombre.

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