—Espérame, Naomi —dijo en voz baja.
Desde que salió del aeropuerto, Chris no levantó el pie del acelerador ni una sola vez. Sujetaba el volante con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Casi no apartaba la mirada de la pantalla del navegador, que seguía marcando un único destino en las afueras de Portclair.
La dirección que le dio Brandon se convirtió en su única esperanza. Aunque tal vez no fuera correcta, era la única pista que tenían desde que secuestraron a Naomi y a Lydia.
Pisó el acelerador con más fuerza. El auto negro devoraba la autopista a una velocidad muy superior al límite permitido. En su mente solo cabía una esperanza.
“Naomi. Por favor, que siga ahí y... que no sea demasiado tarde”.
A medida que se alejaba del centro, el paisaje a lo largo del camino comenzó a cambiar. Los rascacielos fueron cediendo el paso a un antiguo distrito de almacenes repleto de edificios industriales cuya pintura llevaba años descascarada. En varias esquinas se veían camiones grandes estacionados, y las calles estaban cada vez más desiertas. Algunos almacenes parecían abandonados, rodeados de extensos terrenos invadidos por el pasto silvestre.
Chris redujo un poco la velocidad del auto al entrar en las afueras al oeste de la ciudad. Si fuera un secuestrador, una zona tan apartada sería sin duda el lugar perfecto. Casi nadie transitaba por esos caminos; el rugido lejano de la maquinaria pesada podía tapar cualquier otro ruido con facilidad y a lo largo de la ruta sobraban edificios abandonados que podían servir de escondite.
Chris recuperó la esperanza. Estiró la mano hacia el celular conectado a la pantalla del navegador del auto. El marcador rojo en el mapa digital indicaba que estaba a solo unos cientos de metros.
—En doscientos metros llegará a su destino —anunció la voz neutra del navegador, interrumpiendo el silencio dentro del auto.
Chris clavó la mirada al frente, concentrado al máximo, mientras el corazón le latía cada vez más rápido. Se imaginaba a Naomi retenida en alguno de esos viejos edificios cercanos, asustada mientras esperaba que alguien llegara a rescatarla. El auto fue aminorando la marcha. Chris recorría con la mirada ambos lados del camino sin detenerse.
Un almacén de logística. Un terreno baldío invadido por la maleza. Una reja de hierro oxidada. Un edificio viejo y abandonado. Y luego...
—Ha llegado a su destino.
Chris no pudo ocultar su desconcierto al detener el auto a un costado del camino. Lo que tenía delante no se parecía en nada al almacén abandonado ni al sospechoso grupo de edificios viejos que esperaba encontrar. En su lugar, se alzaba una casa de dos pisos de estilo clásico, con un jardín amplio y muy bien cuidado. El césped estaba recién cortado, las flores adornaban el sendero de piedra que conducía al porche y había dos autos familiares estacionados en el garaje abierto.
Incluso había un niño de unos siete años que corría feliz por el patio delantero mientras perseguía a un perro pequeño.


Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...