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El Regreso de la Ex Esposa romance Capítulo 5

Ivanna Taylor

Milo mira a Shane con curiosidad. Yo no digo nada. No me importa lo que pueda pensar él ahora. Hace mucho que eso dejó de interesarme.

—Entiendo —murmura, sin quitar sus ojos de mí—. Respeto que sea su empleada, señor Prince, pero la señorita…

Se queda callado, queriendo saber cómo me presento. Estrecho los ojos en su dirección.

—Taylor… —aclaro, manteniéndole la mirada—, Ivanna Taylor.

Shane hace una mueca. No me queda claro el motivo. Es mi apellido, con el que me conoció, y el que una vez cambié por él. ¿Qué esperaba?

—La señorita Taylor atentó contra… contra mi prometida —continúa el muy idiota, con ese tono arrogante y perdona vidas que tan bien le sale hacer—. Y eso no puede quedarse así.

Me abstengo de reírme, de soltar una carcajada. Pero la comisura de mi boca se levanta sin que pueda evitarlo.

—Por supuesto que va a quedarse así… —determino, con impertinencia—, no conviene a su prometida que llame a la policía, señor…

Hago lo mismo que él. Finjo que no sé su nombre. Que no sé quién es. Que no fue el amor de mi vida y el hombre con quien esperaba vivir mis mejores años.

—Robinson —instruye—, Shane Robinson.

Le dedico un asentimiento. Uno burlón.

—Señor Robinson —termino mi frase, solo porque quiero que sepa que no me intimida. Que a este juego podemos jugar los dos.

—¿Puedo tener un momento a solas con su empleada, señor Prince? —insiste, llevando esto más lejos—. No sé bajo qué condición está aquí, pero en esta ciudad hay reglas que deben cumplirse y me gustaría, para no tener que recurrir a otras maneras, dejarlas claras.

Milo mira de Shane a mí. No lo veo directamente, pero siento su mirada yendo de uno a otro. Aprieto los dientes y me niego rotundamente.

—No tengo nada que escuchar de usted… —replico, con impaciencia.

—Difiero —me contradice.

—Ese no es mi problema. —Me encojo de hombros, molestándome demasiado en este punto.

—Ivanna… —la voz de Milo se escucha como una advertencia.

«Él también puede irse a la mierda».

—Puede prestarme una habitación privada si no es problema, señor Prince —sigue insistiendo Shane, sin dejar de mirarme.

«Sobre mi cadáver, imbécil».

—¿No es suficiente con que llame a la policía? —exclama Marissa, ajena al motivo real detrás de mi discusión con Shane y queriendo participar de algo que no le incumbe.

De reojo veo que Abigail le toca el codo y le pide que se calle. Es evidente que no le conviene llamar a la policía. Hay montón de testigos en esta cocina.

—Esa decisión la tomaré cuando hable con la señorita en privado —declara el maldito Robinson y yo me indigno mucho más.

«¿Pero qué se ha creído este?».

—No voy a… —comienzo a decir, pretendiendo dar un paso en su dirección, cuando una mano me detiene.

Milo es quien se interpone entre Shane y yo.

—Ivanna. Irás con el señor Robinson. Ya suficiente drama se hizo y tengo invitados que atender —exclama Milo con impaciencia—. Puedes llevarlo a la zona de invitados. Resuelve este problema y que no escale más.

—No tengo que…

—Sí, tienes —me interrumpe, antes de que pueda decirle que se meta su orden por donde pretende salirle—. Eres mi empleada y esto te puede costar mucho. ¿Estás dispuesta a perder el extra?

Levanta esa molesta ceja que no soporto y me muerdo el interior de la mejilla para no gritarle que se vaya a la m****a. No puedo perder el trabajo. Aston me ayudó una vez, porque no encontraba más que hacer, no puedo quedar mal con él.

Por eso, me trago mi rabia y bajo la cabeza. A Milo le gusta que le laman los zapatos. No llegaré tan lejos, pero al menos voy a respetar su decisión.

Le da un asentimiento a Shane y se lleva a Marissa, a pesar de la reticencia de esta. La cocina retoma su ritmo y agradezco que el ruido de platos, copas y bandejas vuelva a escucharse.

Capítulo 5. Nada de su incumbencia. 1

Capítulo 5. Nada de su incumbencia. 2

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