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El Regreso de la Ex Esposa romance Capítulo 88

Ivanna Taylor

Mi teléfono suena y me toma desprevenida. Miro la pantalla y el nombre del nuevo contacto me hace estremecer.

"Papá".

Ni siquiera sé por qué lo guardé así, si él es para mí cualquier cosa menos un padre. Pero tampoco voy a pensar demasiado en eso.

—¿Vas a responder? —pregunta Shane, llegando a mi lado.

—Tengo que... —murmuro, y me concentro en el azul de sus ojos para darme fuerzas.

—Si quieres puedo responder yo y decirle por qué llamamos...

Sacudo la cabeza.

—Cuando hablé con su secretaria le dije que era yo, puedo hacerlo ahora.

Shane me toma la mano y me da un apretón.

—Estoy contigo...

El móvil sigue sonando, y acepto que viejas aprensiones salen a relucir. Porque voy a alertarlo sobre Abigail, y en el pasado eso no sirvió de nada. En todo caso, terminaba castigada y más decepcionada y dolida que nunca. Porque mi padre elegía no confiar en mí y darle toda la razón a una desconocida que había dejado ocupar mi lugar.

Me trago el amargo del sentir y respondo.

—¿Sí?

—¿Ivanna? —Su voz se escucha eufórica—.Mi secretaria acaba de avisarme de tu llamada, he estado todo el día reunido. Sé que te pusiste en contacto con ella, pero al ver tus llamadas perdidas decidí llamar para saber si sigue en pie lo de esta noche...

Me quedo en blanco.

—¿Qué cosa? —pregunto con confusión.

Shane, a mi lado, frunce el ceño.

—La cita en el restaurante. A las ocho en punto. ¿No? Ya estoy por salir de la oficina.

Miro a Shane sin entender nada.

—¿Ivanna? ¿Estás ahí?

Abro la boca, pero no me sale nada. Muchas cosas se me pasan por la cabeza. Y la primera de ellas es Abigail y su amenaza.

Y al parecer Shane piensa como yo, porque me quita el teléfono y toma el mando del momento.

—Misael, por aquí habla Shane. ¿De qué cita hablas?

—En el restaurante The Palace, a las ocho. Mi secretaria me dijo que ese fue el mensaje de parte de Ivanna.

—Yo no fui —atino a decir, y supongo que Misael escucha mis palabras porque se queda en silencio.

—Misael, Ivanna te llamaba por otro motivo, es algo importante relacionado con Abigail. Pero no hay un restaurante de por medio.

—No entiendo nada. ¿Qué pasa con Abigail?

Su voz ahora no se escucha entusiasmada en absoluto.

—¿Dónde estás? ¿Sigues en la oficina? —pregunta Shane.

—Sí, estaba cambiándome para ir al restaurante con tiempo. Yo pensé que... —se queda callado y suspira.

—Necesitamos tener esta conversación en persona. ¿Puedes venir al apartamento de Ivanna?

Shane me mira cuando pregunta eso. Y aunque debería sentirme rara, por permitir que mi padre ausente forme parte de una vida que merece ver, asiento.

—S...sí. —Su respuesta es un tartamudeo.

Shane le pasa la dirección y la llamada se corta.

—Llamaré a The Palace. La cita debe estar a tu nombre —inquiere Shane, en modo resolución de misterios.

Yo sigo congelada en el lugar intentando pensar en qué está pasando.

Abigail prometió venganza, pero fue contra mí. Siempre ha querido quedarse con lo que me pertenece. Primero papá y luego Shane. Eso sin contar todas las cosas de menos importancia a lo largo de los años que estuvo cerca de mí.

¿Ella estará detrás de esa extraña cita? Quien sea que lo hizo, usó mi nombre. Y el solo hecho de mentir así ya es una bandera roja ondeado en nuestras caras. Porque es un grito desgarrado de peligro.

—Buenas noches, para confirmar una cita a nombre de Ivanna Taylor —escucho a Shane cuando le responden del restaurante.

Pone el altavoz para que yo escuche, así como en la llamada de mi padre.

—Enseguida, señor. Deme un segundo. ¿Hora de la cita, por favor?

—A las ocho —responde Shane.

Se escuchan sonidos de teclas de fondo y algún que otro ruido.

—Aquí está. Una cita a nombre de Ivanna Taylor, con un acompañante, a las ocho en punto. Como especificación, una cava de Oporto Tawny, de vieja cosecha, envejecido en roble. Y, para mantener la sorpresa con el vino, se tapará la etiqueta. ¿Tengo entendido que es una especie de sorpresa con cata de vinos?

Me quedo en blanco, y Shane también.

—¿Señor?

Shane carraspea y responde, de acuerdo a lo que le dijo el maître. Agradece y se despide.

Nos quedamos mirando cuando el silencio se hace al cortar la llamada.

—¿Qué carajos está pasando? —susurro con más desesperación que confusión.

—Es tan específico que da un poco de miedo. ¿Te suena de algo todo eso?

Niego con la cabeza.

—No, pero me preocupa que hayan usado mi nombre en eso. Y no se me ocurre otra cosa que... Abigail Allen.

Me toma las manos entre las suyas.

—Lo que sea, ya estamos al tanto —mira su reloj—. Es temprano aun, tenemos tiempo de averiguar, especular y buscar soluciones a lo que sea que esté pasando, antes de la famosa cita. Y siempre puede cancelarse.

Asiento. Aunque no muy convencida.

—Mami, ¿puedo tomad helado? —La voz de Shawn hace que mi corazón se calme un poco.

Lo miro con una sonrisa, pero antes de que pueda responder, Shane se me adelanta.

—¿Helado, campeón? ¿Y luego vas a cenar? Porque el helado es el postre... así que debes prometerme que comerás todo lo que mami te prepare.

Shawn me mira con diversión y una pícara mirada brillante.

—Todo, todo. Y más helado de postde.

Tengo que reírme de su inteligencia. Enseguida concluyó que podía sacar doble ración de helado.

Shane me mira con unas ganas inmensas de carcajearse, se contiene a duras penas.

—Entonces, veamos qué dice mamá.

Voy con ellos y me arrodillo a la altura de Shawn, que ahora está aferrado a su padre, sabiendo que tiene un nuevo aliado.

—La última vez que me prometiste algo así... no te comiste todo el brócoli. ¿Qué cambia ahora? Por dos momentos de helado, necesito que tengas una completa de brócoli. ¿Estás de acuerdo?

Shawn asiente muchas veces y extiende su dedito meñique para hacerme una promesa. Lo miro con los ojos entrecerrados unos segundos, pero termino cediendo.

Hay pocas cosas que le niego a Shawn, y el helado no es una de ellas.

La emoción de mi pequeño es demasiada. Abraza a Shane con entusiasmo y grita que tomará helado dos veces, una y otra vez. Shane, con el pequeño encima de él, me mira con los ojos brillantes de lágrimas.

Las mías también se hacen presentes, pero me contengo de llorar delante del niño.

Shawn se lleva a Shane con él para que le sirva el helado de chocolate y yo me quedo en el salón, tratando de controlar lo agitado de mi pecho. Siento una mezcla de emociones ahora mismo, y no todas son buenas.

La agradable certeza de que mi hijo es feliz se combina con la preocupación por mi padre.

Misael pudo haber sido una m****a conmigo, pero pensar que algo pueda pasarle me pone los pelos de punta. Y mucho más si usan mi nombre.

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