Ivanna Taylor.
—¡Viena! ¡Viena! ¿Dónde estás?
Llamo a mi amiga a voz en grito porque no aparece, y yo necesito que venga a ayudarme con los preparativos.
El cumpleaños de Shawn es mañana y, cómo no, la decoración de la fiesta es de Spiderman. Estoy cansada de preparar los globos rojos, azules, plateados y negros, solo porque Viena me prometió que no sería necesario contratar a ninguna decoradora profesional.
—Tenemos dinero para botar, Ivy, y seguramente quedará mucho mejor, pero Shawn recordará mucho más si lo hacemos nosotras mismas.
Por supuesto que concuerdo con su idea. Quizás ahora tenga en mis manos una cantidad exagerada de dinero por todas las cosas que Shane y yo dirigimos juntos, pero no cambia el hecho de que nunca he sido de las que gastan solo por el placer de hacerlo.
Shawn tuvo cumpleaños sencillos los tres anteriores, no porque no pudiéramos hacer algo grande u ostentoso, estoy segura que Aston no hubiera tenido problemas en soltarse un poco, incluso Vi, sino porque no consideraba que fuera necesario.
Ahora todo cambió. El niño tiene una familia que adora, empezó en una nueva guardería donde ha ganado un montón de amigos y se siente tan feliz que me pidió exclusivamente realizar su cumpleaños con una gran fiesta.
Por eso estamos aquí.
Pero Viena se me perdió.
Shawn está con Shane, siendo entretenido hasta que terminemos por aquí y podamos regresar a casa. El salón cerrado hasta mañana ya está listo, en su mayoría, solo hace falta terminar la parte de los globos, detrás de donde pondremos el pastel. Y aunque he disfrutado de esta experiencia, comienzo a exasperarme con la ausencia de la supuesta tía favorita.
—¡Vieeena!
El sonido estridente de la puerta se escucha de repente y los pasos acelerados de Viena instantes después.
—¡Aquí estoy! —grita y corre en mi dirección.
Me levanto, dejo el globo que acabo de inflar en su lugar y me giro para verla con las manos en las caderas.
—¿Se puede saber dónde estabas? ¿Te caíste en el baño?
Las mejillas de Vi están rojas, su respiración se ve agitada y cuando llega a mi lado se ve bastante extraña.
—Qué exagerada, no me demoré tanto.
Me cruzo de brazos y entorno los ojos al verla evadir mi pregunta con descaro. Se ve como si hubiera corrido una maratón, pero es evidente que ella ignora ese hecho. Así como que su cabello se ve un poco más alborotado de lo habitual.
Entrecierro los ojos.
—¿Estás segura de que no te pasó nada? —insisto, alzando una ceja—. Te ves como si hubieras huido de un secuestro… o de Milo.
Mi intención es clara y está claro que Viene cae. Las manchas rojas que salen de vergüenza en su piel blanca son muestra suficiente de la mentira.
—¡No digas estupideces! —exclama con una risita forzada, agachándose de inmediato a recoger un rollo de cinta adhesiva—. Solo fui a buscar los cartelitos del candy bar que había dejado en el auto. ¿Ves? Aquí están. Todo en orden.
Me acerco y la observo de cerca. La agarro de la barbilla y le miro los ojos, tiene las pupilas algo dilatadas, el cuello ligeramente enrojecido, y aunque intenta comportarse con normalidad, hay algo en su energía que grita que acaba de hacer algo que no quiere contar.
Y yo la conozco demasiado como para pasar eso por alto.
—Ajá… ¿y el aire acondicionado del auto te atacó o qué? Porque estás sudando como si hubieras estado... no sé, discutiendo. O besando. O ambas.
Viena me lanza una mirada asesina, de esas con las que intenta ingenua e inocentemente, hacerme callar.
—¿Vas a ayudarme con los globos o vas a montar un interrogatorio?
—Puedo hacer las dos cosas —respondo, y le guiño un ojo mientras me agacho a su lado—. Más de la mitad ya lo hice en tu ausencia, solo por eso debería sentarme y verte trabajar.
Vi deja salir un resoplido, pero se ríe.
La dejo estar por unos minutos, mientras trabajamos en silencio. Agarro un globo azul metálico y lo amarro con cuidado, mientras ella organiza los que ya están inflados para armar el arco.
—¿Tú crees que me estoy pasando con el pedido de dulces? —pregunto para romper el hielo.
Viena se ríe.
—Definitivamente sí. Pero es el cumple de Shawn, así que se justifica —responde con diversión y burla.
—¿Y tú crees que deberíamos poner también una estación de helados? Shane dice que sí, sabe cuánto adora Shawn los helados. Pero no estoy segura.
Viena se ríe.
—Pon el helado, Ivy. Con eso se ganan más puntos con el cumpleañero.
Comparto su diversión, ya puedo imaginar a Shawn tomando helado sin cesar. No es algo que aprobaría normalmente, pero es un día. Un solo día que cubrirá dos meses sin helado después.
—Puntos que obvio le diré que fueron mi idea —exclama con seguridad y yo resoplo.
Viena se ve distinta ahora. Mientras más la miro, más lo noto. Sé que algo pasó y casi puedo jurar que tiene que ver mi compañero de labores, Milo Prince.
Sin embargo...
—¿Estás segura que Milo no tiene nada que ver con tu estado actual? —pregunto con falsa inocencia, y me doy la vuelta antes de que pueda lanzarme un globo en la cara.
—¡Ivy!
Su grito sale más chillón y ya, no me quedas dudas que algo me oculta y que tiene que ver con él.
—Solo digo. —Me encojo de hombros—. En los últimos eventos que hemos estado todos juntos, se nota que el hombre tiene más que palabras atoradas cada vez que te mira. Y tú no ayudas con esos vestidos que te pones para él.
—Estás delirando —murmura, pero su sonrisa es demasiado culpable—. Si Milo se ahoga con algo probablemente sea su ego, y con palabras de odio hacia mí. No me soporta, Ivy.
Chasqueo la lengua y niego con la cabeza.
—Estoy observando, querida —le corrijo, y dejo el último globo en su lugar—. Estoy segura que él dice odiarte y que si te mira mal, es porque se está obligando a hacerlo. Está muerto contigo y eso nadie me lo quita de la cabeza. ¿Listo el arco?
Cambio de tema y sé que Vi me lo agradece.
Un suspiro de alivio se le escapa.
—Listísimo. Mañana solo falta acomodar el pastel y le diremos a la agencia que traigan el helado. ¿Pediste el de Spiderman como te dijo Shawn?
Ruedo los ojos con eso último.
—Sí, y me pelearon por hacerlo personalizado con la figura del traje negro. Al parecer es demasiado cambiar el color el día antes de la fiesta —me río con algo de culpa—. Sé que me gané unas cuantas ofensas por ahí, pero vale la pena. Shawn dijo que quería ese y no hay más que hablar.
—Tú, tu hijo y sus decisiones revolucionarias —dice Vi, entre risas.
La acompaño en la carcajada, aunque un poco más suave, y luego me detengo a observar el lugar con detenimiento.
El salón está casi listo. Las luces tenues del atardecer hacen brillar los globos metálicos en rojo y azul. El mural gigante con Spiderman en el centro parece sacado de una película, con edificios de cartón piedra a los lados y telarañas cruzando de un extremo a otro.
Frente al ventanal, las mesas para los niños están dispuestas como en una mini ciudad. Cada una lleva el nombre de un personaje del universo arácnido. Viena tuvo la brillante idea de colocar etiquetas personalizadas en los vasos con stickers de los personajes.
—Está hermoso —susurro y me acomodo a su lado con las manos en la cintura, respiro profundo, agotada, pero satisfecha—. Sé que va a ser un recuerdo que nunca va a olvidar.
—Este tipo de cosas se te quedan grabadas por siempre —agrega Vi, más suave.
Asiento, con el pecho lleno.
Si a nuestra infancia vamos, ninguna de las dos tuvo grandes celebraciones. Para Viena, nunca fue así. Y yo tuve cumpleaños hasta que mi madre murió.
Las dos nos quedamos en silencio unos segundos, observando el resultado de nuestro trabajo, con ilusión.


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