Shane Robinson
La gala es más grande de lo que imaginé, se siente como si toda la ciudad nos estuviera mirando. Pero lo que hicimos aquí no fue pequeño, y es evidente para todos.
Los últimos meses han sido toda una locura, llenos de trabajo, de fechas pendientes, de construcciones llevadas a término, pero ya estamos aquí.
Con un sueño cumplido.
Tomo la mano de Ivy mientras avanzamos por la alfombra, algunos nos saludan y otros solo asienten con la cabeza, con esa mezcla de respeto y curiosidad que nunca me había importado hasta que la sentí con mi hermosa mujer de la mano.
Lo único que me importa es que ella esté bien, que se sienta segura, que sepa lo que hicimos juntos, al fin, después de tantos años mirándolo a la distancia y ansiando cambios.
Los flashes de las cámaras nos nublan la vista, pero yo no dejo de mirar a Ivy cada vez que puedo.
—Estás preciosa —susurro cuando entramos al gran salón donde se hará la clausura del proyecto del ayuntamiento, sin interesarme en que todos están enfocados en nosotros.
—Tú también —responde, bajito, con una sonrisa discreta y esos ojos verdes como esmeraldas brillando con intensidad.
Un funcionario se nos acerca y nos guía hacia la mesa reservada, Ivy se adelanta un poco para hablar con alguien del comité organizador, mientras que yo me quedo rezagado y solo observo, sin dejar de sentir orgullo por todo lo que nos rodea.
Han pasado tantas cosas desde que luché por mi primer proyecto hace más de cuatro años, que me cuesta resumirlo en un pensamiento. No fue solo renovar un skyline, fue por mucho tiempo intentar poner ladrillos en algo que no podía negarme, luego reconstruir un pedazo de mi vida, porque al hacerlo con ella cambió todo.
Lo que era su sueño se convirtió en mi obsesión. O pensé que era solo eso, hasta que me vi trabajando de su mano, viéndola a horas intempestivas cuadrando ideas o cerrando tratos de último minuto.
El imperio que hoy tenemos en las manos podría ser mucho para alguien, para uno solo. Pero en mi corazón sé que Ivanna y yo tenemos lo que se necesita para llevarlo a cabo, para hacerlo subir al siguiente nivel, siempre que estemos juntos.
Nos anuncian que en unos minutos iniciará el acto formal, así que volvemos a estar juntos. Rodeados de gente, pero acompañados el uno del otro.
No estoy nervioso, no me da miedo hablar en público, pero sí siento algo que se parece a la nostalgia.
Porque esto termina hoy. Porque, aunque vengan otros retos, este fue especial.
Fue el primero que compartí con ella, como socios, como equipo, como familia.
Y por eso antes de que acabe la noche estaré mostrándole lo hermoso que nos quedó todo.
—¿Estás bien? —pregunta Ivy, tocándome el brazo.
La miro con una sonrisa, adoro cuando sabe que algo pasa por mi cabeza. Solo que no puedo abrir la boca hasta que logre sacarla de aquí.
—Sí. —Asiento sin dudar—. Solo pensaba en todo lo que nos costó llegar hasta aquí.
Ella me mira con ese gesto que tiene cuando sabe que no necesito más palabras. Me aprieta la mano y me deja un beso en la mejilla.
—Nos costó cuatro años, nos costó una ausencia llena de malentendidos. Nos costó soñar con lo mismo y hacerlo a medias. Pero cuando todo tomó su rumbo, cuando la vida volvió a sonreírnos, no nos costó nada... nos regaló más. —Con sus manos alrededor de mi rostro, me besa en los labios—. Te amo, Shane.
Cierro los ojos un segundo para poder asimilar todo lo que me dijo con un alivio que es imposible de describir, cuando nos llaman al escenario.
Me levanto sin apuro, con la mano de Ivy junto a la mía, nos damos un apretón y subimos juntos al estrado. Los aplausos se escuchan ensordecedores, el júbilo es evidente en la enorme sala.
El presentador hace un repaso del proyecto, habla del impacto económico, de la proyección internacional que tendrá la ciudad, de lo que representa la renovación del skyline para las próximas décadas. Menciona las empresas líderes y nuestros nombres, junto con el de Milo, resuenan en el lugar.
Es impresionante la manera en que termina todo, el trabajo silencioso, las reuniones eternas, las discusiones y hasta las noches sin dormir. Los momentos en que pensé que no llegaríamos a terminar, pero también los instantes en que Ivy me miraba sin decir nada y yo recordaba por qué empecé todo esto.
Cuando es mi turno de hablar, miro a mi "futura nuevamente esposa", y beso su frente. Un «oh» generalizado se escucha en todo el lugar y me hace sonreír.
—Buenas noches —digo al micrófono, cuando me coloco delante del atril—. Antes de comenzar con mi discurso preparado, hay algo que quiero compartir con todos ustedes. Quiero reconocer lo que este proyecto significó para mí, no como empresario o parte de una competencia, porque esto no solo fue una apuesta empresarial, ni una inversión a largo plazo, sino como algo más personal.
Miro a Ivanna a mi lado, para ella es todo lo que tengo que decir.
—Una forma de demostrar que, incluso cuando todo parece perdido, siempre hay espacio para volver a empezar.
Su sonrisa es radiante y yo la disfruto y la correspondo. Tenerla conmigo hoy es más de lo que había soñado todos estos años que quedaron atrás.
—Gracias al equipo del ayuntamiento, a los arquitectos, a quienes no se rindieron cuando los plazos parecían imposibles. Gracias a quienes creyeron que esta ciudad podía mejorar sin perder su esencia. Hoy cerramos un ciclo y lo cerramos bien.
Continúo mi corto discurso hablando de los resultados alcanzados y cuando finalizo, los aplausos no se hacen esperar.
Regreso con Ivy, que me espera a un lado del atril, su sonrisa radiante me hace sentir tan orgulloso de lo que logramos, de lo que hicimos juntos.
Ignoro todos los protocolos y tomo sus manos con las mías.
—Esto fue por nosotros y por todo lo que viene.
Apenas bajamos del escenario se nos acercan dos directivos de otra constructora, uno de los concejales y una mujer del comité de cultura. Todos quieren decir algo, ofrecernos una copa e intercambiar opiniones, pero no estoy interesado.
No cuando tengo algo más que debo hacer.
—Disculpen —digo con una media sonrisa y una mano en la espalda de Ivy—. Hay algo más importante que debo hacer ahora mismo.
No espero respuesta y no me quedo el tiempo suficiente para ver sus reacciones, tomo la mano de mi mujer y la guío entre la gente. Escucho nuestros nombres más de una vez, pero no me detengo. Ivy se ríe bajito mientras camina a mi lado, y su voz me atrapa en medio del alboroto.
—¿Qué haces, Shane? ¿Nos estamos fugando de nuestra propia celebración?

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