Ivanna Taylor
La indignación es la peor de las emociones cuando no es la primera vez que la experimentas por culpa de la misma persona.
Pero ahora es peor, esto es llevarlo todo demasiado lejos.
Puede que mi relación con mi papá sea un desastre, que por años me mantuviera lejos de él porque nada me aportaba su rechazo o su falta de amor, solo sufrimiento. Pero de ahí a desearle la muerte, a crear una narrativa donde yo soy una villana interesada en una herencia que nunca me ha importado, es demasiado para entender.
Abigail está loca, y ahora lo demuestra con creces.
Va más allá de que tenga una seria obsesión con Shane, que la tiene, pero estoy segura que no es lo único. Ella viene a por mí, su objetivo es dañarme a mí y siempre ha sido de esa manera.
Tratar de alejarme de Shane, quedárselo, darle un hijo… apuesto a que todo viene por la necesidad de quitarme lo que llega a mi vida.
Matar a mi padre no es solo asegurar que su cercanía conmigo no se consolide, sino intentar alejarme por siempre de lo que considera suyo. Su herencia, su apellido, su vida. Y de paso, llevarme entre sus pies a un lugar donde ella asegura que tengo que estar.
—Está loca —exclamo con impotencia, cuando ya no puedo contenerme más.
Shane está contactando a la policía para poner la denuncia por posible homicidio premeditado, Misael está intentando contactar directamente con el alcalde para que todo esto no pase a mayores, pero yo siento que no podemos solo cancelar lo que ella preparó.
No, si queremos demostrar sus intenciones.
Shane termina de hablar con el agente que atenderá el caso y se me acerca con expresión contrariada. Se pasa la mano por la cara, en un gesto frustrado.
—¿Qué pasa?
—Aceptaron la denuncia, pero creo que será poco para lo que en verdad se merece.
Asiento, porque concuerdo.
—¿Y si dejamos que crea que se salió con la suya? —pregunto con la bilis subiéndome a la garganta—. Puede ser un poco complejo, pero… tengo la impresión que de no ser así logrará salirse con la suya.
Misael corta su llamada y viene con nosotros, por su expresión escuchó lo que acabo de decir.
—¿Dices ir al restaurante y beber el vino? —Se ve serio, nada horrorizado, a pesar de que mi inesperada idea es un tanto peligrosa.
Sigo estando escéptica con sus formas conmigo, pero en realidad el que tenga en cuenta mi opinión en esto me deja pensando que está dispuesto a todo por recobrar nuestra relación.
Asiento.
—No beber el vino, al menos no el que te hace daño.
Shane me mira con atención.
—Podemos aprovechar su trampa, crear un teatro alrededor de lo que preparó y esperar a ver qué hace —dice, pensando seriamente en esto—. Abigail, estoy seguro, deberá estar cerca. No sé si en el mismo restaurante, pero en algún lugar que le permita ver todo. Ella fue a por todas aquí, así de descontrolada está, no tengo dudas de que querrá estar en primera fila para ver cómo resulta.
Misael nos mira.
—Está bien, lo haré.
Shane le hace un asentimiento.
—Llamaré al agente para hablar de esto, probablemente necesitaremos hablar con el personal del restaurante, dar aviso a alguna ambulancia y hasta en el hospital, por si ella quiere asegurarse que todo salió bien.
—Hablaré con Murray para darle esta exclusiva —dice de repente mi padre y yo lo miro con una ceja enarcada. Él aprovecha ese momento para acercarse a mí. Toma mis manos entre las suyas temblorosas en un gesto que no le niego—. Abigail te hizo daño, hija, y nunca me perdonaré por haberlo permitido. Fui un padre de m****a y de verdad entendería si nunca me perdonas, pero quiero demostrarte que independientemente de eso, haré esto. No es para limpiarme contigo, porque eso sería más que egoísta de mi parte después de tanto que te hice pasar, pero sé cuánto esto te afectaría, cuántos dolores de cabeza te traería de gratis y no estoy dispuesto a tolerarlo.
Se me hace un nudo en la garganta al escucharlo. Es una mezcla de rabia vieja, porque es imposible olvidar todo lo que me hicieron, pero a la vez siento algo de paz interior. No puedo odiar a mi padre de por vida, no es sano para mí, no quiero pasarme la vida teniendo rencores. Puede que, en efecto, no lo perdone por completo y nada vuelva a ser igual, pero no negaré que es más desgastante mantener algo en mí que nada aporta.
—Está bien —acepto, aunque odio las exclusivas en los blogs de chismes.
Él me sonríe con un gesto nostálgico, sus ojos llenos de lágrimas y sus manos frías, supongo que por nervios.
Hace por querer abrazarme, por darme un beso en la frente o algo así, pero realmente no sabe si yo lo aceptaría.
Y puede que quizás no esté del todo lista, pero no soy capaz de tener un corazón tan frío. Para mi padre, el darse cuenta de todo lo que permitió en su vida, lo que ahora le respira en la nuca con enormes consecuencias, puede ser demasiado ya. No sería nunca capaz de hacerle daño a conciencia.
Por eso deshago la distancia y lo abrazo.
Es raro, se siente un poco incómodo, pero cuando el sollozo de mi padre se escucha cierro los ojos y me relajo en sus brazos. La urgencia con la que me abraza me confirma lo que ya creía, la manera en que se aferra hace que mis ojos ardan con demasiadas emociones.
Porque ya no soy la niña que necesitaba estos abrazos al perder a mi madre, pero sigue sintiéndose así ahora mismo.
—Perdóname, Ivy, por favor. —Su voz suena rota y grave.
No respondo, solo me quedo en el mismo lugar dejando que vea que no voy a correr lejos de él, pero esto no será tan fácil como le gustaría.
—¿Mamá?
La voz de Shawn me llega por la espalda y mi padre se tensa en mis brazos. Lo siento levantar la cabeza, sé que está viendo al pequeño y confirmando, una vez más, que se perdió demasiado de mi vida. Incluyendo tres años de vida de un pequeñito que podría llamarlo abuelo.
Me suelta lentamente, sus ojos se cruzan con los míos y se ven sorprendidos, confusos y turbados.
—¿Mamá? —repite la palabra con la que me acaba de llamar Shawn.
Asiento. Me separo un poco y voy con mi hijo. Shawn me mira extrañado.
—Papá, te presento a Shawn, nuestro hijo —murmuro, dando un vistazo a Shane para que mi padre sepa que es fruto de nuestro matrimonio.
Misael cae de rodillas en el lugar, ahora las lágrimas ya no se contienen. Se tapa el rostro con ambas manos y se deshace en el lugar, sin saber qué hacer o cómo reaccionar.
Sé que no es la mejor imagen para mi pequeño, pero no lo culpo por no esperar esto. Miro a Shawn.
—Cariño, él es Misael, tu abuelo.
Shawn mira de él a mí, luego a Shane. Repite el patrón unas cuatro veces antes de poder decir algo.
—Abuelo —dice con claridad, y lentamente se forma una sonrisa en sus labios.
Mi padre se destapa la cara, al escuchar la manera en que mi hijo lo llama. Su rostro húmedo y sonrojado me provoca un poco de ternura.
—¿Quieres ir, campeón? —pregunta Shane poniéndose a mi lado, y a la altura de Shawn.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Regreso de la Ex Esposa