La entrada principal de la Torre Armand Holdings parecía una zona de guerra, decenas de reporteros, cámaras de televisión y curiosos se agolpaban contra el cordón de seguridad, los flashes estallaron como una tormenta eléctrica en cuanto el Maybach negro se detuvo en la acera.
Nuria sintió que el aire se le escapaba de los pulmones, apretó su bolso de mano con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
No bajes la cabeza —ordenó León, tomando su mano antes de abrir la puerta. Su voz era tranquila, un ancla en medio del caos—. No eres la acusada, eres la dueña del lugar o al menos, estás a punto de serlo.
Ellos no lo saben —susurró ella, mirando a la multitud hambrienta de escándalo.
Lo sabrán pronto. —León le besó la mano—. ¿Lista?
Salieron del coche, el ruido fue ensordecedor, gritos de "¡Nuria!", "¿Es cierto que engañaste a tu marido?", "¡León, miré aquí!" llenaron el aire.
León no se detuvo, pasó un brazo por la cintura de Nuria, pegándola a su cuerpo, y caminó con ella a través del pasillo de seguridad con la barbilla alta y una expresión de desdén absoluto, no protegía a una amante; protegía a una reina.
Entraron en el lobby, dejando el ruido atrás, Adrián y Elena ya los esperaban junto a los ascensores, ambos con expresiones graves.
El Consejo está reunido en la planta 50 —informó Elena, pasándole una carpeta de cuero a León—. Gael está allí y ha traído a su propio abogado, está intentando invocar la cláusula de moralidad para destituirte como CEO temporalmente.
León tomó la carpeta sin dejar de caminar.
Que lo intente. ¿Traes el documento que te pedí?
El original y tres copias certificadas —sonrió Elena, palmeando su maletín—. Gael ni siquiera se acuerda de lo que firmó hace tres años, estaba demasiado ocupado mirándose al espejo.
Nuria miró a León, confundida.
¿De qué documento hablan?
León la miró mientras las puertas del ascensor se cerraban, aislándolos del mundo.
Del acuerdo prenupcial que Gael te obligó a firmar el día antes de la boda. ¿Lo recuerdas?
Nuria asintió, sintiendo un sabor amargo en la boca.
Sí. Me dijo que era para proteger el patrimonio familiar, decía que, si nos divorciábamos yo me iría sin nada, que lo que era suyo, seguiría siendo suyo.


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