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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 74

El sol de la tarde bañaba el césped impecable, Alex corría detrás de un pavo real que indignado por la persecución, había desplegado su cola. Desde la terraza dos figuras observaban la escena. León estaba apoyado en la barandilla de piedra con los ojos fijos en el niño, sentía una presión en el pecho que no era dolor, sino una expansión violenta de su capacidad de amar.

Es rápido —dijo León, con una sonrisa que no le cabía en la cara.

Es un terremoto —respondió Nuria, poniéndose a su lado, rozó su mano con la de él, un contacto prohibido y eléctrico—. Y es terco cuando se le mete algo en la cabeza, no para hasta conseguirlo.

Se parece a su madre —bromeó León, girándose para mirarla.

Se parece a su padre —corrigió ella suavemente.

León le tomó la mano y entrelazó sus dedos.

Quiero decirle quién soy, quiero bajar ahí, levantarlo en el aire y decirle que soy su papá, que esta casa es suya, que todo esto es suyo.

Lo harás —prometió Nuria, apretándole la mano—. Pero no hoy, si se lo dices ahora se lo contará a todo el mundo, es un niño y no sabe guardar secretos de vida o muerte y si Katya o tu suegro se enteran antes de que tengamos las pruebas listas…

Lo sé. —León suspiró, frustrado pero resignado—. Alex es mi punto débil, si Vólkov sabe que existe me tendrá de rodillas en un segundo.

El sonido de un coche deportivo acercándose por la entrada principal rompió la burbuja de intimidad.

León se tensó mirando su reloj.

Es Matteo —dijo Nuria, reconociendo el motor del Ferrari que habían alquilado—. Le envié un mensaje mientras estábamos en el despacho y le dije que viniera a recogernos.

Matteo —repitió León y su mandíbula se tensó ligeramente.

León por favor —Nuria le giró la cara para que la mirara—. Matteo me salvó la vida, me dio un techo, me dio una identidad y cuidó de Alex como si fuera suyo cuando yo estaba estudiando, no estés celoso, tienes que estar agradecido porque sin él yo no estaría aquí.

León asintió tragándose su orgullo de macho alfa.

Tienes razón, pero sigue sin gustarme que duerma bajo el mismo techo que tú.

Duerme en otra habitación, cavernícola.

Matteo Ross subió las escaleras de la terraza con su habitual elegancia despreocupada, pero sus ojos verdes escanearon la situación con seriedad, vio la cercanía entre Nuria y León, vio que la tensión hostil había desaparecido.

Veo que no nos hemos matado —dijo Matteo, deteniéndose frente a ellos.

Matteo —dijo León, dando un paso adelante.

El italiano se preparó para un comentario sarcástico o una amenaza, pero León hizo algo inesperado, le extendió la mano.

Gracias —dijo León, su voz era grave y sincera—. Gracias por cuidar de lo que es mío cuando yo no pude.

Matteo miró la mano de León y luego miró a Nuria que sonreía con lágrimas en los ojos, entendió todo.

Lo hice por ella, no por ti —dijo Matteo, estrechándole la mano con firmeza—. Pero de nada, Matteo es un gran niño y Valeria… Nuria es una gran mujer.

Lo sé.

Espero que tengas un plan —dijo Matteo, poniéndose serio—. Porque ahora que sé que no eres el villano de la película, supongo que tenemos una guerra que ganar.

Tenemos el arma definitiva —intervino Nuria—. El libro negro, lo traeré de Zúrich digitalmente esta noche.

—León miró hacia la entrada—. Tienen que irse, Katya vuelve mañana de Milán, pero con ella nunca se sabe y no quiero que los encuentre aquí en actitud… sospechosa.

¡Mamá! ¡Mira! —gritó Alex desde el jardín, saludando con la mano.

¡Vámonos Alex! —llamó Nuria—. ¡El tío Matteo ha venido a buscarnos con el coche de carreras!

El niño subió corriendo con las mejillas sonrosadas, León se agachó para despedirse.

Adiós campeón —dijo León, revolviéndole el pelo, le costó la vida no abrazarlo y no soltarlo jamás.

Adiós señor amigo de papá —dijo Alex sonriendo.

Katya se acercó y olió su camisa, había un rastro muy débil de perfume floral, no era el perfume barato de una secretaria, era algo sofisticado.

Hueles a mujer —dijo Katya, con voz afilada.

León no parpadeó.

La socia principal es una mujer, se llama Valeria y ya te hablé de ella, estuvimos trabajando en la terraza.

¿Valeria? —Katya repitió el nombre con veneno—. ¿La que te está robando protagonismo en el proyecto? ¿Estaba aquí?

Sí y ya se ha ido. —León le dio un beso frío en la mejilla—. Entra, Rosa te preparará un baño debes estar agotada.

Katya se apartó, mirándolo con desconfianza.

No me tomes por estúpida León, si esa "socia" es algo más…

Es una socia Katya, no empieces con tus celos paranoicos, tengo cosas más importantes que hacer que lidiar con tus dramas, la Gala es en dos días y Vólkov me tiene respirando en la nuca.

La mención de su padre y la Gala distrajo a Katya.

Más te vale que todo salga perfecto en la Gala, papá está muy exigente últimamente.

Katya entró en la casa taconeando fuerte, gritando el nombre de Rosa para que le subiera las maletas. León se quedó fuera respirando el aire salado, sintiendo que le temblaban las piernas por la tensión, habían estado a diez segundos de la catástrofe, si Katya hubiera llegado un minuto antes, habría visto a Alex, habría visto sus ojos y la guerra habría empezado antes de que ellos tuvieran las armas cargadas.

Sacó su teléfono y escribió un mensaje rápido a Nuria:

"Están a salvo, ella no vio nada, pero ha estado demasiado cerca, sube los archivos esta noche no podemos esperar más y el viernes acabamos con esto."

Miró hacia el horizonte, donde el sol se ponía.

Disfruta de tu baño Katya —murmuró León—. Porque pronto no tendrás ni casa donde bañarte.

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