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EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO romance Capítulo 24

CAPÍTULO 24. La otra

Henry salió de la casa de sus padres con la cabeza llena de voces que no lo dejaban en paz. Caminaba rápido hacia el coche, pero por dentro estaba paralizado, en shock. Las palabras de su padre, de su madre y de Chelsea seguían repitiéndose como un eco envenenado:

“somos tu familia… siete millones no es nada… doblega a Rebecca”.

Se frotó el rostro, intentando despejarse, pero lo único que consiguió fue sentir el cansancio pegado a los huesos. Había estado escuchando lo mismo por mucho tiempo… ¿por qué solo reaccionaba ahora?

Condujo de vuelta a su casa con el corazón estrujado. Tenía que hablar con Julie Ann, explicarlo lo que implicaba no devolver las cosas, pedirle que firmara… pero en cuanto abrió la puerta se dio cuenta de que ahí había un caos muy diferente.

Había un revuelo enorme en el pasillo principal. Las criadas iban de un lado a otro, cargando cajas, arrastrando bolsas negras y cuchicheando entre ellas.

Henry se detuvo, confundido.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó con voz seca, llamando la atención de una de las muchachas.

Todas se quedaron heladas al verlo, y enseguida bajaron la mirada, como si hubieran sido sorprendidas en algo indebido.

—¿Qué es eso? —insistió él señalando la bolsa de basura que ella llevaba en las manos.

—Señor… la señora Julie Ann ordenó desocupar el cuarto que era de la señora Rebecca. Dijo que todo debía ir a la basura.

Henry se quedó helado y sintió un nudo en la garganta, una mezcla rara de incomodidad y rabia contenida.

—¿A la basura? —repitió incrédulo, como si no pudiera creer lo que escuchaba, y la sirvienta asintió tímidamente, encogiendo los hombros.

—Sí, señor. Pero… la verdad es que la señora Rebecca no tenía mucho, y casi todo lo regaló antes de irse.

Henry cerró los ojos un segundo, llevándose dos dedos al puente de la nariz. Respiró hondo y luego habló con voz más firme.

—No tiren nada. Metan todo en cajas y pónganlo en mi despacho privado.

—¿Incluso las cosas de la papelera? —preguntó una y recibió un codazo.

—Trina, cállate…

Pero Henry frunció el ceño, sin comprender.

—¿De la papelera? —peguntó.

—Pues había cosas… personales —respondió la que se llamaba Trina—. Album de fotos… algunos documentos… un cuaderno…

Henry achicó los ojos y no supo por qué, pero de repente eso tampoco quería perderlo.

—Llévalo todo a mi estudio, incluso lo de la papelera —ordenó.

—Sí, señor. Haré eso —respondió la chica con una inclinación de cabeza y enseguida se apresuró a obedecer.

Henry soltó un suspiro largo y agotado, pero siguió caminando. Sabía que no podía reclamarle directamente a Julie Ann por deshacerse de las pertenencias de Rebecca; cualquier palabra se convertiría en otra pelea y el médico se las había contraindicado. Sin embargo, el destino no le dio tregua: porque apenas entró al comedor, la encontró muy animada junto a una mujer desconocida, bien vestida, con una sonrisa profesional que parecía ensayada.

Julie Ann se levantó apenas lo vio entrar, como si lo estuviera esperando.

CAPÍTULO 24. La otra 1

CAPÍTULO 24. La otra 2

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