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EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO romance Capítulo 26

CAPÍTULO 26. El mejor espectáculo

Y no era sarcasmo, ni siquiera era una sugerencia. Henry lo supo cuando ella se le quedó mirando con atención: era una orden y no iba a repetirla.

Sacó su teléfono y llamó al único número con el que se sentía seguro en ese momento.

—Camilo… necesito que vengas por mí —le dijo apenas escuchó su voz—. Estoy en el centro, voy a mandarte la dirección.

Colgó después de un intercambio breve y se dio cuenta de que Rebecca lo estaba mirando con curiosidad.

—¿Camilo? —murmuró, pero no era una pregunta en sí—. Me alegro de que vuelvas a hablar con él, siempre me agradó.

Y parecía que no había nada más que decir entre ellos, salvo el gesto de inclinar la botella para servirse otra copa.

—Lamento lo que pasó entre nosotros —declaró Henry de repente y la sinceridad en su voz hizo que Rebecca clavara en él una mirada curiosa; pero cuando respondió en su voz no había ni un atisbo de emoción.

—Es mejor no hablar del pasado.

Se levantó para tomar el teléfono que estaba sobre la mesa e hizo su propia llamada.

—Licenciado Anders, soy Rebecca —dijo apenas respondieron al otro lado—. Por favor, retire la demanda contra Julie Ann por usurpación de identidad.

La copa en la mano de Henry se quedó a medio camino hacia su boca.

“¿Estás segura?” preguntó el abogado al otro lado de la línea.

—Sí, estoy segura —respondió ella sin titubear.

Entonces colgó la llamada y caminó hacia Henry. Lo miró de frente, con una expresión que mezclaba cansancio y algo de melancolía.

—Tú cumples con tu palabra y yo complo con la mía. Ya retiré la demanda —sentenció y aunque Henry abrió la boca, no encontró las palabras que buscaba.

Rebecca extendió la mano y él la miró aturdido, mientras por dentro una punzada le atravesaba el pecho. La tomó con suavidad, sabiendo que ese gesto sellaba más que un acuerdo: era un adiós silencioso. Y no pudo evitar que un escalofrío extraño lo recorriera.

—Ya no te debo nada, y tú no me debes nada —declaró ella mirándolo a los ojos—. Es un buen momento para que nos olvidemos el uno del otro de una vez por todas.

El silencio volvió a llenar la oficina, y aunque ninguno lo dijo en voz alta, ambos entendieron que aquel capítulo había llegado a su fin.

Henry sostuvo la mano de Rebecca un instante más de lo necesario y el problema… el problema era que nunca había pensado que se libraría de ella y ahora… ¿ahora no sabía cómo soltarla? El contacto lo estremeció, como si una corriente eléctrica le hubiera recorrido el cuerpo. Rebecca, sin embargo, permanecía serena.

Durante unos segundos se quedaron así, atrapados en un silencio que parecía eterno, hasta que ella cortó la atmósfera con una frase seca y clara:

—Espero que tu mujer y tu bebé estén bien a partir de ahora.

CAPÍTULO 26. El mejor espectáculo 1

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