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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 235

Incluso hubo quienes lograron rastrear el blog personal de Sofía.

En ese momento, Sofía seguía esperando el carro para ir a ver a Teresa, mientras su celular no dejaba de vibrar.

Al desbloquearlo, vio que los mensajes privados en su blog se habían acumulado hasta un punto desquiciante.

Algunas personas la insultaban por supuestamente usar ropa falsa, otras la maldecían diciendo que le robaba protagonismo a su hermana y que mejor se fuera de este mundo.

El aire se le atoró en el pecho. La oleada de odio de los internautas cayó sobre ella de golpe, como un tsunami imposible de esquivar.

Sus dedos temblaban ligeramente, pero aun así, respiró profundo y trató de calmarse.

Usando las tendencias, Sofía fue atando cabos y entendió todo lo que estaba pasando. El color se le fue del rostro.

Se detuvo en la sección de comentarios de la cuenta oficial de CANDIL, que estaba prácticamente invadida por mensajes de odio. No supo ni qué hacer en ese momento.

Jamás imaginó que la propia marca CANDIL intervendría. Y, si había alguien capaz de lograr eso por ella, solo podía ser Antonio.

Pero lo que más la sorprendió fue que el gesto de Antonio, en lugar de ayudarla, terminó distorsionándose de la peor manera.

Después de la confusión, lo que sintió fue pura rabia.

Sin embargo, ni siquiera tuvo tiempo de dejarse llevar por el enojo, porque antes de que llegara el taxi, la alcanzó un grupo de supuestas fans de Isidora, que la seguían por su belleza y su carrera.

—¿Esa es Sofía? ¡Es ella, de verdad!

Ese grito bastó para que decenas de miradas se volcaran hacia ella. Ninguna era amigable; al contrario, la miraban como lobos hambrientos a punto de lanzarse sobre su presa.

Un escalofrío le recorrió la espalda y su cuerpo reaccionó antes que su mente.

—¡Agárrenla! ¡Que le pida perdón a Isidora!

—¡Hay que darle una lección a esa descarada!

...

Los insultos no paraban. Sin pensarlo, Sofía salió corriendo, atravesando la calle a toda velocidad.

Detrás de ella, un grupo de jóvenes sin control la perseguía, como si fueran una manada. Al idolatrar a Isidora, la veían como una amenaza que debía ser eliminada.

Con solo voltear, Sofía notaba esas miradas llenas de mala intención.

El corazón le retumbaba en el pecho, el sonido de su propia sangre le llenaba los oídos. La adrenalina la impulsó a correr más, pero pronto sintió un ardor intenso en el talón.

Era lógico: correr con tacones le había provocado una ampolla.

La luz desde arriba quedaba bloqueada por una silueta alta, como una sombra gigantesca.

—Ven, regresamos a la oficina.

Santiago había aparecido de la nada, y todo le parecía surrealista.

Su voz, tan grave y tranquila como siempre, tenía un matiz de tensión y seriedad que la dejó sorprendida.

Sofía sintió que le daba vueltas la cabeza. La calidez de la mano de Santiago la quemaba, y su voz profunda le provocó un temblor en el corazón. No pudo evitar levantar la mirada para ver su rostro; entendía, una vez más, por qué lo había querido tanto tiempo.

Afuera, los murmullos bajaron de tono, aunque todavía se escuchaban algunas quejas.

—Aunque usted sea el secretario personal del presidente Cárdenas, este callejón es un espacio público...

Jaime alzó la voz, tajante:

—Cualquier problema pueden presentarlo en Grupo Cárdenas, ahí recibimos todas las quejas que quieran.

El silencio cayó de inmediato. Sofía, junto a Santiago, se dio la vuelta y salió primero.

Al subir al asiento de cuero de ese carro italiano, el aroma a madera de sándalo que traía Santiago la envolvió al instante.

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