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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 374

En internet, el escándalo entre ella y la familia Rojas iba creciendo como pólvora, mientras que en su correo apareció una carta inesperada después de tanto tiempo.

Aunque el remitente era anónimo, era obvio que sólo faltaba que escribieran “Oliver Rojas” en grande.

Después de todo… ella ya había bloqueado todos los contactos de los Rojas desde hace mucho.

—Sofía, aunque pienses que la familia Rojas te ha dejado de lado, nunca te faltó comida, ropa ni nada. A comparación de otros, sigues siendo la hija consentida de los Rojas. ¿Tan grande es tu rencor infantil como para querer destruirnos?

Sofía alzó la mano y, distraída, apoyó la cabeza en ella.

La verdad, no estaba tan equivocado.

Derrumbar a los Rojas era, de hecho, su siguiente objetivo.

Se dibujó una media sonrisa helada en sus labios, sin que le naciera ni un poco contestar ese correo.

A su alrededor, el vaivén de la respiración llenaba el cuarto de una calma inesperada.

Sofía miró de reojo la carita adorable de Bea, y el hielo en su expresión se fue derritiendo poco a poco.

Cerró el correo y pasó a revisar cómo iba la compra de acciones que tenía en marcha.

Las acciones del Grupo Rojas estaban desplomándose, y un montón de inversionistas ya no aguantaban las ganas de vender, ni se diga cuando Sofía estaba dispuesta a pagar más. Aunque todos sabían que entre Sofía y los Rojas se estaba cocinando un pleito fuerte, al final eso no era asunto de ellos.

Los grandes accionistas seguían indecisos, pero la mayoría de los pequeños ya habían vendido sus partes. Ahora, Sofía tenía casi el veinte por ciento de las acciones. Poco a poco, su plan iba tomando forma.

Satisfecha con el rumbo de las cosas, antes de dormir le mandó un mensaje con buenas noticias a Maite López y se acostó.

...

En ese momento, en el último piso de la Torre Cárdenas también se encendieron las luces.

Jaime tenía el aspecto de quien no ha pegado los ojos en tres días seguidos.

No era para menos: nadie aguanta que lo despierten en plena madrugada.

Por dentro, estaba que no se aguantaba del coraje, pero por fuera tenía que mantener la compostura y mostrarse respetuoso.

¡Sofía!

Aunque la imagen era borrosa, era imposible no reconocer su belleza inconfundible.

Piel clara, cabello negro como la noche; aunque la cara estuviera deformada por el apretón, seguía viéndose encantadora.

—Te dije que dejaras todo limpio y mira nada más cómo lo dejaste. Por eso ayer Catalina quiso darte una lección.

A la lado de la mujer corpulenta, una de sus seguidoras sonrió con aire presumido, disfrutando el poder prestado.

Sofía encogía los hombros y tenía los ojos llenos de miedo.

Sabía bien que, hiciera lo que hiciera, esas mujeres siempre encontrarían un pretexto para buscarle pleito.

Estaba claro que la tenían entre ceja y ceja.

La mirada de Sofía, llena de alerta, la hacía parecer un animalito acorralado.

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