Entrar Via

El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 399

El gesto de resignación y tristeza volvió a asomar en aquel rostro joven.

Sofía no pudo evitar reírse por dentro, y el ambiente a su alrededor se alivianó de inmediato.

—¿Por qué tanto apuro? —aventó con una mezcla de burla y paciencia.

Sin darle mucha importancia a la conversación que tenía fijada en la parte superior del chat, bajó hasta encontrar a Jaime.

No tardó en contestar.

[…]

—¿Quién habla? —preguntó una voz masculina, dudosa, como si no pudiera creer lo que oía.

—Soy yo —declaró Sofía, con voz firme.

Al otro lado de la línea, Jaime guardó silencio por un instante, incrédulo.

—¿Señora? —balbuceó de nuevo, completamente confundido.

Según él, el presidente Cárdenas debía estar en una cita con la señorita Isidora. ¿Por qué el celular estaba en manos de la señora?

—Tu jefe está borracho en el Hotel Marbella —explicó Sofía—. Ven a recogerlo.

Sin perder el ritmo, le envió la ubicación por mensaje y volvió a guardar el teléfono en el saco de Santiago.

Todo el procedimiento lo realizó con una rapidez y destreza que denotaba experiencia.

Apenas terminó, Alfonso volvió a acercarse a ella como si fuera una lapa.

Sofía ya estaba acostumbrada a esa insistencia. Dio un paso al costado para esquivarlo y se colocó junto a la puerta.

—¿De verdad quieres quedarte? —le lanzó, ladeando la cabeza.

Apenas escuchó eso, Alfonso salió disparado al pasillo.

—Que mi tío se quede solo un rato, no pasa nada —contestó mientras se alejaba.

Sofía arqueó las cejas, sin comprometerse con una respuesta.

Justo cuando abrió la puerta y cruzó el umbral, un bullicio la alcanzó desde el otro extremo del pasillo.

—¡¿Qué pretenden hacer ustedes?! —gritó Isidora, su voz desbordada de rabia.

Sofía volteó y la vio: al fondo, Isidora estaba siendo sujetada por varios guardias de seguridad.

Jaime apareció con pasos largos y decididos.

Como estaba cerca, llegó enseguida.

—Jaime, ¿qué significa esto? —Isidora lo miró con furia, exigiendo una explicación.

Él la saludó apenas con un gesto de cabeza, esta vez sin la habitual sonrisa diplomática.

—Señorita Isidora, usted emborrachó al presidente Cárdenas y, en vez de avisarme, lo trajo sola a un hotel. Me parece que sus intenciones no eran limpias. Tendrá que asumir las consecuencias de sus actos.

Habló con voz dura, y en ese momento notó a Sofía y Alfonso acercándose.

Al verla, Jaime se inclinó respetuosamente.

—Señora…

Pero Sofía levantó la mano, cortándolo en seco.

—Santiago y yo ya estamos divorciados, dime Sofía nada más.

Abrió la puerta y lo encontró sentado en la cama, tan recto como si nada hubiera pasado. Al oírlo, Santiago alzó la vista.

—Presidente Cárdenas —dijo Jaime, bajando la cabeza. De reojo, notó el desastre en la cama.

Pensó que Isidora estaba completamente loca por atreverse a intentar algo así con el presidente. Solo la idea lo hacía sudar; no imaginaba que alguien pudiera tener ese valor.

Santiago se levantó, buscó su saco, se lo puso encima y, tras arrugar el entrecejo, lo arrojó de nuevo sobre la cama.

—Consígueme otra habitación cerca de aquí, y que alguien traiga ropa limpia —ordenó, con la voz profunda y una mirada oscura que no dejaba ni rastro del hombre supuestamente ebrio de antes.

Santiago entrecerró los ojos, mirando hacia la puerta.

Ya no había nadie afuera, todo estaba en silencio.

Recordó lo que acababa de pasar y apretó el puño.

Sabía que podía aguantar el alcohol; Isidora no había logrado embriagarlo del todo. Desde el principio, la invitación le pareció sospechosa, pero no imaginó el nivel de bajeza al que ella sería capaz de llegar.

En realidad, aceptó la invitación para intentar sacarle alguna información sobre lo que ocurrió hace un año.

Pero antes de que pudiera moverse, Sofía apareció.

Al recordarla, Santiago dudó si en verdad había estado borracho.

Apenas la vio, se sintió sacudido por dentro.

No pensó que ella vendría.

Por un instante, todas sus ideas se desvanecieron; cada fibra de su cuerpo solo quería acercarse a ella.

Bajó la mirada, mientras el corazón le latía con fuerza descontrolada.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Valiente Renacer de una Madre Soltera