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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 401

El dolor llegó de manera tan repentina que Leonor soltó la mano y lanzó un grito ahogado.

Sofía se soltó con facilidad y, al girar, sus ojos se cruzaron con los de Alfonso en el aire.

—Cielito.

Alfonso le guiñó un ojo con picardía y le entregó a Sofía el paquete con el pastel de chocolate y frambuesa que había traído.

Antes de irse, Alfonso lo pensó un momento y decidió llevarle un trozo a Sofía. No imaginó que justo por ese desvío, les daría a esos dos la oportunidad perfecta para actuar.

Entrecerró los ojos; una chispa afilada pasó fugaz por su mirada. Pero al mirar a Sofía, su cara se iluminó con una sonrisa tranquila, casi burlona.

El tono de Alfonso era ligero, pero al mismo tiempo, dejaba entrever una provocación juguetona.

Sofía le lanzó una mirada de advertencia, como diciendo “no empieces”.

Resignado, Alfonso se enderezó y recobró su semblante serio y distante.

—Isidora aprendió a meterse en la cama ajena, seguro fue por enseñanzas tuyas, ¿verdad, madrastra?

Mientras se acariciaba el mentón, Alfonso dejó escapar el desprecio en su voz, sin molestarse en disimularlo.

Apenas soltó esas palabras, tanto Leonor como Oliver se quedaron pasmados, y al instante sus caras se ensombrecieron.

Leonor se dejó caer, delicada y sin fuerzas, en los brazos de Oliver. Mordía sus labios, sin decir nada, pero su expresión de mártir lo decía todo.

—Señor Castillo, siempre le he mostrado respeto por ser el sobrino del presidente Cárdenas, pero ¿por qué habla así de mi mujer? —espetó Oliver con tono duro.

Leonor elevó ligeramente la comisura de sus labios, aunque en su cara seguía fingiendo comprensión.

Tiró suavemente de Oliver y, en voz baja, le susurró:

—Al fin y al cabo, es el sobrino del presidente Cárdenas, Oliver. No te metas en problemas por mí; la verdad, no vale la pena. Si tengo que aguantarme un poco, no pasa nada.

Oliver le apretó la mano con fuerza.

—Leonor, tú llevas años conmigo y ya has pasado por demasiadas humillaciones. Además, Isi algún día será la señora Cárdenas, y ese Alfonso será su sobrino. ¿Desde cuándo un muchacho puede faltarle al respeto a sus mayores así?

Hablaban en susurros, tratando de no llamar la atención, pero Sofía alcanzó a escuchar casi todo.

No pudo evitar que una sonrisa sarcástica se dibujara en su cara.

En este punto, Isidora ya había sido llevada por la policía, ¿y ellos todavía soñaban con que Isidora fuera la esposa de Santiago?

—Pues les aviso: parece que Isidora no logró su objetivo. Y antes de eso, fue el propio Jaime, el asistente personal de Santiago, quien ordenó a los guardias sacarla. Quién sabe, tal vez… el Grupo Cárdenas incluso decida hacerla responsable de lo sucedido.

Sofía lanzó las palabras con una sonrisa despreocupada y, sin mirar atrás, subió al lujoso carro que Alfonso había traído.

El rugido del motor deportivo retumbó en la calle, y los transeúntes, que ya se habían dispersado, voltearon de nuevo a mirar, tapándose la boca en asombro.

Oliver y Leonor quedaron paralizados, repitiendo una y otra vez las palabras de Sofía en sus cabezas.

¿Así que Isi no tuvo éxito? ¿Y todavía podían exigirle responsabilidades?

Y eso no era todo...

Isidora tragó saliva.

Sofía también había estado en prisión y su reputación se había ido al suelo para siempre. No quería terminar igual.

Solo de pensarlo, se le helaban las extremidades.

¡No quería quedarse ahí!

—¡Isi! Escúchame. Tu papá y yo estamos haciendo todo lo posible, ¿sí? —intentó calmarla Leonor, esforzándose por no perder la compostura.

—¿Y papá? ¡Él conoce a muchísima gente! ¡Dile que hable con alguien para que me saquen de aquí!

Isidora golpeaba el vidrio, desesperada. Leonor tenía los ojos llenos de angustia.

—Isidora, dime la verdad, ¿qué pasó en el hotel? —preguntó Oliver, apareciendo en ese momento con gesto grave.

Leonor se apresuró a su lado.

—Oliver, ¿no fuiste a buscar al director? ¿Ya te dijeron algo?

Oliver la miró, pero no dijo nada.

Al ver sus ojos oscuros, Leonor sintió cómo su esperanza se desplomaba.

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