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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 404

Sofía sentía en el fondo una inquietud que iba creciendo poco a poco, como olas que rompían en su interior.

Con un leve roce en la pantalla de su celular, accedió a la noticia.

“Es cierto que estoy divorciado de la señorita Sofía. Pero no fue culpa suya, la responsabilidad es toda mía. Sobre los rumores que circulan acerca de la señorita Isidora y yo, quiero dejarlo claro de una vez: solo somos colegas, no hay nada más entre nosotros, ni pública ni privadamente.”

Sofía leyó las palabras de Santiago con una mirada calmada, sin que nada en su rostro delatara alguna reacción.

Lo que Santiago dijera o no, ya no tenía nada que ver con ella. Pero aun así, el hecho de que él mismo hubiera anunciado el divorcio la sorprendió un poco.

Bajó la vista, y al leer el siguiente párrafo, su mirada quedó fija, como si el tiempo se hubiera detenido.

“Desde el divorcio, he estado pensando en los pocos años que compartí con la señorita Sofía como pareja y solo siento arrepentimiento. Ella insistió en separarse, y yo respeté su decisión, aunque me quedó un sabor amargo y cierta impotencia. Si en el futuro nos ven juntos en alguna foto, que quede claro: será porque sigo buscándola.”

Con esa declaración, Santiago cerraba su comunicado. Apenas Sofía deslizó el dedo hacia abajo, apareció una marea de comentarios desbordando la sección de mensajes.

Todos, desde los medios hasta la gente común, estaban impactados por esas palabras.

El rumor sobre el divorcio entre Sofía y el presidente Cárdenas, que tanto ruido había hecho últimamente, fue confirmado por los propios protagonistas. Más aún, el presidente Cárdenas había salido a aclarar y controlar la situación personalmente.

En el mundo del espectáculo, una maniobra así sería suficiente para destruir la reputación de cualquiera. Pero Santiago no era cualquiera, era el hombre más rico de Olivetto. Las reacciones en los comentarios iban desde el asombro absoluto hasta la envidia dirigida a Sofía.

Sofía se detuvo, sus dedos aún sobre la pantalla, con la mirada brillando de emociones tan enredadas que ni ella misma podía descifrar.

¿Qué pretendía Santiago con todo eso?

¿Y esa frase sobre que si aparecían juntos sería porque él la seguía buscando? ¿Qué significaba en verdad?

Sofía mantuvo la vista clavada en el nombre “Santiago”, frunciendo el entrecejo, como si intentara descifrar un enigma cada vez más complejo.

Dejó escapar un suspiro cargado de fastidio, deslizó la noticia fuera de la pantalla y decidió dejarlo por la paz.

No valía la pena.

Se obligó a dejar de lado esa molestia y centró su atención en la computadora sobre el escritorio.

La gran pantalla mostraba la página de su correo electrónico, donde una carta ya estaba lista para enviarse.

Entrecerró los ojos, y en ellos se reflejaba una calma engañosa, como un océano azul que oculta profundidades peligrosas.

Apenas el sistema confirmó que el mensaje había sido enviado, Sofía borró todo rastro de la carta.

—Parece que la familia Rojas ya se rindió con Isidora —dijo Alfonso, apareciendo sin hacer ruido justo detrás de ella.

El susto hizo que Sofía lo mirara con reproche en los ojos.

Alfonso señaló la puerta abierta de la oficina y después la miró con una expresión como diciendo “te lo advertí”.

Sofía solo resopló.

¿A qué estaba jugando Alfonso?

Entre la confusión, solo pudo pensar eso.

—Deja de bromear, hablemos en serio —soltó de pronto para cortar el ambiente, tosiendo un poco y cambiando el tema.

Desvió la mirada y, con sus dedos rosados, señaló una carpeta sobre la mesa.

—Oliver tiene el cincuenta y tres por ciento de las acciones del Grupo Rojas. Yo solo tengo el cuarenta.

El cambio de tema fue tan abrupto que hasta Alfonso perdió el ánimo de seguir bromeando.

Sus hombros se desplomaron un poco, pero, sabiendo que era un asunto importante para Sofía, intentó concentrarse y miró los papeles que ella le mostró.

—Entonces, toca buscarle por otro lado. La ley en Olivetto exige que ningún criminal pueda ser presidente de una empresa que cotice en bolsa.

Alfonso se frotó la quijada.

—Oliver siendo infiel durante el matrimonio, eso pesa.

Sofía sonrió de medio lado.

—Eso mismo pensé. Lo que le corresponde, le va a llegar. Oliver va a pagar por todo, poco a poco.

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