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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 407

Sofía carraspeó, esforzándose por mantener esa imagen seria de directora del penal.

—Vamos de regreso a la sala de interrogatorios.

Alfonso dejó de hacer bromas y, con sus largas piernas, caminó incluso más rápido que Sofía, aunque se detenía de vez en cuando para esperarla. Deliberadamente, Alfonso le cedió el paso a Sofía para que entrara primero a la sala. Justo cuando él estaba por cruzar el umbral, se detuvo un instante. Sus ojos se desviaron hacia una esquina del techo, fuera del campo de visión de Sofía. En ese momento, toda la picardía y el juego desaparecieron de su mirada, reemplazados por un brillo afilado, casi desafiante. Alzó una ceja hacia ese rincón, dejando apenas un rastro de sonrisa en los labios antes de entrar de nuevo a la sala de interrogatorios.

...

Mientras tanto, en la oficina del presidente Cárdenas.

Santiago miraba fijamente la pantalla con la transmisión en vivo de las cámaras de seguridad, los dedos crispados sobre el escritorio.

—Este muchacho...

—Presidente Cárdenas, el señor Castillo...

Jaime, nervioso, miró de reojo a Santiago.

Santiago tenía el rostro sombrío, los labios apretados, sin pronunciar palabra. Aun así, Jaime sintió cómo la tensión en la oficina crecía cada vez más; desde que la transmisión apareció en la computadora del presidente, el ambiente ya no se había sentido cálido.

Jaime encogió los hombros, resignado. Desde que el presidente Cárdenas reconoció lo que sentía por su esposa, parecía disfrutar el papel de guardián silencioso. Cuando supo que ella había contactado a la policía de Olivetto, apenas recibió la llamada de la directora del penal y solo dijo: “Sigan todo como ella lo pida”.

De no ser así, por más importante que fuera el señor Castillo en Santa Fe, en Olivetto casi no tenía influencia, solo por el secretismo que lo rodeaba. Y la verdad, Sofía sola no podría convencer a los altos mandos de la policía de Olivetto.

Jaime dejó a un lado sus pensamientos y se volvió a concentrar en la transmisión.

...

—Señorita Sofía, esto es lo que enviaron del Grupo Cárdenas. Aquí está, bien claro: solicitan la detención de Isidora por tres meses.

El director real del penal, al ver a Sofía, le entregó el documento con sumo respeto.

Al escuchar “tres meses”, Sofía arqueó las cejas, sorprendida. Lo que hizo Isidora fue vergonzoso, sí, pero apenas y se podía considerar un intento fallido; tres meses era demasiado, por donde se viera.

—¿Y el Grupo Rojas? ¿Ya movieron ficha?

Sofía no le dio muchas vueltas, pensó que Santiago, furioso, había dado la orden y tenía sentido.

El director la miró confundido, se rascó la cabeza.

—¿Grupo Rojas?

En la sala, por un momento, el aire pareció hacerse pesado. Tras unos segundos, el director negó con la cabeza.

—Por aquí no hay noticias del Grupo Rojas.

Sofía sonrió apenas.

Así que Oliver de plano ya había soltado a Isidora. Para alguien como él, que solo piensa en sus propios intereses, no era difícil de entender. Aunque ahora tenía curiosidad: si Isidora supiera que todo lo que esperaba no era más que una ilusión, ¿cómo se sentiría?

—Ting—

—Ting—

[Leonor también es una joyita, haciendo su numerito de desaparición y regreso.]

[Ivana tampoco es ninguna santa. Después de leer tanto chisme, lo único que pienso es que la única a la que todos le fallaron fue a Sofía.]

...

Al llegar al último comentario, Sofía se detuvo y su mirada se suavizó. Algo en su interior se agitó.

Era cierto. Desde que era niña y llegó Isidora a la casa, todo cambió para mal. Y después, con todo lo que hizo para casarse con Santiago solo para acabar en la cárcel… su vida había sido una cuesta arriba interminable.

Pero el presente era diferente.

Sofía bajó la mirada, las pestañas largas ocultando sus ojos.

Alfonso, siempre atento, notó su cambio de ánimo y la miró con preocupación, una expresión que casi nunca le salía.

Después de un rato, Sofía se recuperó y se puso de pie.

—Parece que ya hay que ponerse a trabajar.

Alfonso fue detrás de ella.

Apenas salieron del penal, el teléfono de Sofía sonó con insistencia. Era Maite López, y la voz de la mujer, aunque tranquila, dejaba entrever cierta ansiedad.

—Sofía, revisa el correo que te mandé. Oliver está vendiendo las acciones del Grupo Rojas a lo loco, y además descubrí que usó el nombre de Grupo Rojas e Ivana para pedir préstamos enormes.

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