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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 457

Leonor escuchaba y sentía cómo se le apretaba el corazón de la emoción.

De pronto, como un pajarito que regresa a su nido, se lanzó de nuevo a los brazos de Oliver.

—Oliver…

Ese llamado era el mismo de siempre, el que desde pequeña le había dedicado.

Apenas lo escuchó, Oliver sintió cómo todo su cuerpo se encendía por dentro.

Sus miradas se encontraron, cargadas de ternura y deseo, y sin darse cuenta, terminaron rodando en la cama, envueltos en una pasión que los arrastró sin remedio.

...

Mientras tanto, en la mansión de la familia Rojas, Ivana soltó un estornudo.

Se frotó la nariz y levantó la vista. Todo a su alrededor se sentía tan vacío, tan ajeno… ¿De verdad podía llamar “hogar” a ese lugar?

Al principio, ni siquiera comprendía por qué estaban ahí. Más tarde, Oliver le explicó que había comprado esa casa especialmente para desarrollar su negocio en Olivetto.

Ivana se dejó caer en el sofá, como si todo el peso del mundo la aplastara, sintiéndose como un cascarón vacío, sin alma ni fuerzas.

No supo en qué momento empezó a cargar ese peso invisible en el pecho, algo que la tenía de capa caída y la llenaba de mal humor. Por más que le daba vueltas al asunto, no encontraba la raíz de ese malestar.

De pronto, una vocecita tierna rasgó el silencio de la casa.

—Mamá…

Ivana se incorporó y vio a Isidora corriendo hacia ella.

—¿Isi?

Sintió un destello de alegría, pero esa chispa se apagó antes de prender, como si una mano invisible apagara de golpe todas sus emociones.

Por más que trataba de animarse, lo único que sentía era una molestia difícil de describir, una sensación incómoda que se apoderaba de ella cada vez que veía a Isidora. Era como si la alegría se mezclara con algo que no podía entender.

—¿Qué pasa, mamá? ¿Te sientes mal?

Isidora se sentó junto a ella y estiró la mano para tocarle la frente.

—No, no, estoy bien.

Antes de que Isidora pudiera rozarla, Ivana se apartó de golpe, como si la hubieran pinchado con una aguja, poniendo distancia entre ambas.

Isidora miró su mano, que había quedado suspendida en el aire, y por un instante sus ojos se llenaron de confusión.

Ivana también notó lo exagerado de su reacción, así que apartó la mirada y trató de disimular, cambiando el tema.

—Isi, ¿no estabas ayudando a tu papá en la empresa estos días? ¿Por qué viniste ahora?

Mientras platicaba como si nada, notó que en el momento en que apoyó la cabeza, el cuerpo de Ivana se puso tenso como un resorte.

Por un segundo, a Isidora le brillaron los ojos con una chispa afilada.

—Isi, ¿por qué preguntas eso de repente?

Ivana tembló un poco al sujetar la galleta.

Isidora levantó la mirada, aparentando inocencia total.

—Es que me da curiosidad. Casi nunca hablas de tu familia. Cuando estaba en la cárcel, me sentía la persona más sola del mundo, y lo que más extrañaba era a papá y a ti. Ahora pienso que tú también debes sentirte sola, y quería saber si extrañas a tu familia.

Inclinó la cabeza, tan tierna que parecía un cachorro desorientado.

Pero para Ivana, todo se volvió borroso.

¿Su familia? ¿Cómo no iba a extrañarlos…?

Aquellos días de felicidad y armonía ahora parecían pertenecer a otra vida.

La soledad de los últimos meses solo la había hundido más. Desde niña, siempre estuvo rodeada de gente, de cariño, de bullicio.

¿En qué momento había acabado así… tan sola?

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