Jasper susurró en voz baja y, acto seguido, se levantó para abrir la puerta del carro a ambas.
Sofía ayudó a Maite, quien seguía un poco aturdida, a bajar. Al voltear, vio a Jasper siguiéndolas casi pegado a sus talones, y, como era de esperarse, se encontró con esa mirada suplicante.
—Pasa, anda.
No tuvo más remedio que ceder.
Había venido tras ellas desde Villa Laguna hasta Olivetto, solo y sin compañía. No podía dejarlo tirado en la calle, así nada más.
—¡Déjame ayudarte!
Tal como Sofía sospechaba, el rostro de Jasper cambió de nervioso a animado. Se adelantó enseguida para sostener mejor a Maite.
Los tres entraron juntos a Villas del Monte Verde. Apenas encendieron la luz de la sala, notaron una silueta tumbada en el sofá.
—¿Liam?
Al verlo, Maite, que parecía perdida en sus pensamientos, volvió en sí. Sofía también se sorprendió un poco.
El bullicio los delató y quien estaba en el sofá despertó, entrecerrando los ojos ante la luz que ahora lo cegaba, tratando de adaptarse a la claridad.
Apenas reconoció a Sofía, Liam se incorporó con algo de pena.
—¿Ya regresaron?
—Sí, pero… ¿qué haces aquí?
Sofía sentó a Maite en el sofá y no pudo evitar mirar a Liam con duda.
Él no respondió de inmediato. Su mirada se fijó en Jasper.
—Tú...
—¿Eh?
Liam no solía quedarse pasmado. Sofía intentó seguir la dirección de su mirada, pero él ya se había girado, lanzándole una sonrisa cálida.
—¿Y este quién es?
—Jasper, pianista famoso en todo el mundo… y ahora, la sombra de Sofi.
Maite, ya más despierta, soltó una carcajada para bromear.
Jasper, lejos de incomodarse, asintió con total naturalidad.
—Tal cual.
Aunque, al mirar a Liam, entrecerró los ojos como si analizara algo.
—Ya veo... —Liam apretó los labios y desvió la mirada—. Como no tenía mucho que hacer estos días, y tú no estabas, pensé en venir a acompañar a Bea.
—Gracias por el favor.
Sofía asintió y no añadió más. Se levantó para guiarlos a las habitaciones libres.
—Elijan entre ustedes dónde dormirán esta noche.
—Yo me quedo aquí.
Jasper no tardó en señalar la habitación más cercana a la de Sofía.
—Ni pensarlo, esa es para mí.
Maite lo cortó de inmediato, visiblemente a la defensiva.
A pesar de ser fan de él, notaba que Jasper miraba demasiado a Sofía, como si ocultara algo más.
La cortina a medio cerrar dejaba entrar la luna, que bañaba el cuarto con su luz suave, iluminando el rostro dormido y regordete de Bea.
Sofía sintió cómo la calma la envolvía por completo. Se inclinó y dejó un beso en la frente de su hija, antes de dejarse caer rendida en la cama.
...
La noche continuaba.
En ese mismo momento, Santiago llegó apurado, con el cansancio dibujado en el rostro. Dudó entre ir a Villas del Monte Verde o a Grupo Cárdenas, pero al final arrancó el carro rumbo a la empresa.
Sin ella, la casa solo era un cascarón vacío, sin nada que lo llamara a quedarse.
Apenas estacionó, vio una sombra agachada junto a la entrada.
Al oír sus pasos, la figura se levantó. Bajo la luz de la luna, apareció el rostro de Rafael: atractivo, pero con un dejo de amargura.
—¿Rafael?
Santiago se detuvo, ojos entornados, estudiando al visitante.
Rafael olía a alcohol y, al ponerse de pie, parecía tambalearse. Levantó la cabeza, y sus ojos, aún borrosos, dejaban escapar un odio apenas contenido.
—¿Qué haces aquí?
Santiago lo vigilaba, tenso, como si fuera un cuchillo a punto de salir de su funda.
Rafael, en cambio, parecía no escucharlo. Masculló entre dientes, apretando la mandíbula.
—¿Por qué...?
—¿Por qué, aunque ya se divorció de ti, ni siquiera me mira?
De pronto, Rafael perdió el control. Se abalanzó sobre Santiago y le agarró el cuello de la camisa, fuera de sí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Valiente Renacer de una Madre Soltera