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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 489

—¿O sea que encima, debería darte las gracias?

Sofía soltó una risita repentina.

Siempre había sido guapísima, pero ese momento tenía algo especial; parecía una flor delicada, con toques de rojo intenso, como esas paredes blancas decoradas con pintura de bugambilias, o los murales donde un pájaro descansa sobre una rama florecida.

Rafael tragó saliva sin darse cuenta, y su mirada se encendió aún más.

—Por supuesto.

—Sofi, ahora ya estás divorciada de Santiago. Si estás conmigo, aquí en Olivetto, no tienes que aguantar el mal humor de nadie ni dejar que te echen la culpa de nada.

El corazón de Rafael latía tan fuerte que sentía que estaba a punto de alcanzar ese sueño brillante que había perseguido desde niño.

Pero Sofía frunció el ceño de pronto.

—¿En serio? —pareció interesada, apoyando la mano en la barbilla—. ¿Echarme la culpa...? Tú mismo sabes que hace un año me acusaron injustamente, y decías que podías ayudarme a limpiar mi nombre. Entonces dime: ¿Quién robó los secretos de Grupo Cárdenas hace un año? ¿O será que yo te malinterpreté todo este tiempo?

Sofía lo miró con desconfianza.

Esa mínima vacilación encendió en Rafael una chispa de esperanza.

—Sofi, te juro que te equivocaste conmigo. Solo pensaste que era yo porque fui el que más se benefició de todo eso, pero te lo juro, soy inocente.

—Entonces dime, ¿quién no es tan inocente como dices?

Los ojos de Sofía se clavaron en él, dispuestos a escarbar la verdad.

Rafael sostuvo su mirada, sabiendo que ella buscaba cualquier fisura en sus palabras. Aun así, respiró hondo y habló despacio:

—Isidora.

Los dedos de Sofía apretaron el cuchillo y el tenedor.

—¿Estás seguro?

—Sí —afirmó Rafael, sin ningún titubeo, su expresión tan serena como contundente.

Alzó la vista y cruzó los ojos con los de Sofía—: Esther ya debió encontrar los videos de seguridad, ¿no?

Si ella no estuviera tan convencida de que Rafael estaba involucrado en lo que ocurrió hace un año, o mejor dicho, de que Rafael y Isidora estaban confabulados, tal vez se habría dejado llevar por sus palabras tan aparentemente sinceras.

—Dices que te gusto, pero si tenías el video de aquel año, ¿por qué permitiste que Isidora me culpara?

Sofía lo miró fijamente, sin parpadear. No se sorprendió al ver la grieta que cruzó fugazmente el rostro de Rafael.

—Sofi, intenté hacer algo. Lo juro. Pero todos sabían que tú y yo crecimos juntos, y Santiago siempre estuvo celoso de mí. No me dejaron mostrar pruebas. Hice todo lo posible para ayudarte, pero cuando por fin supe lo que pasaba, tú ya estabas en la cárcel.

En la cara de Rafael se dibujó una expresión de pesar.

Sofía lo contempló sin apartar la vista, oyendo sus palabras, sintiendo cómo su estómago se revolvía como si hubiera tragado piedras.

Hipócrita.

—Llegas y ni siquiera pruebas bocado... —murmuró Rafael, bajando la mirada como si estuviera derrotado. Pero enseguida retomó fuerzas y le sonrió—: Si la comida no te gusta, puedo pedir que traigan un poco de vino de frutas.

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