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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 500

Él negó con la cabeza.

—No es solo la hija adoptiva. Ivana y Oliver también la están presionando.

Al escuchar eso, los tres intercambiaron miradas, y la confusión se reflejaba en sus rostros.

—¿Cómo puede ser? ¿Ivana ya perdió la razón por la edad? ¡Es su propia hija! ¿Cómo puede no defenderla y en cambio proteger a una hija adoptiva? —fruncieron el ceño, con incredulidad pintada en sus caras—. ¿Será que esa muchacha se torció por el camino?

—No, Sofía es una buena persona. Son ellos los que le fallaron.

Alfonso les relató en palabras sencillas parte de lo que sabía del pasado de Sofía.

Dentro del carro, todos quedaron en silencio. Solo la voz pausada de Alfonso llenaba el ambiente.

A medida que la narración avanzaba, incluso Julia, siempre tan impasible, no pudo evitar que su expresión cambiara de golpe.

Cuando Alfonso contó cómo Sofía fue expulsada de la familia Rojas, el abuelo levantó su bastón y lo azotó con fuerza en el piso del carro.

—¡Pum!—

El estruendo sacudió todo el vehículo.

—¡Esto es el colmo! Desde que Ivana se casó con Oliver, se le nubló la cabeza. ¡Ahora hasta se atreve a tratar así a su propia hija! —el abuelo se llevó la mano al pecho, indignado—. Y esa Isidora, si lo que dices es cierto, es imposible que su aparición sea una casualidad. ¡Esa bola de parásitos! ¡Cómo se atreven a tratar así a esa niña!

La abuela no tardó en tomar postura.

—Julia, espera, no vamos a la casa de los Rojas, primero vamos a...

Miró a Alfonso.

—Al bufete jurídico Rojas —respondió Alfonso con rapidez.

—¡Exacto! —exclamó la abuela, agitando la mano—. ¡Vamos al bufete jurídico Rojas de mi nietecita!

Al final, Ivana ya no tenía remedio. La nieta de la que hablaba Alfonso, tan brillante según él, era ahora quien más le interesaba conocer.

Julia no se opuso, solo asintió en silencio.

—¿Y después qué pasó?

El abuelo volvió a asomarse para ver a Alfonso, esperando que continuara la historia.

Isidora mordía sus labios, visiblemente avergonzada por la situación, pero recordando las palabras de Oliver, al final levantó la cabeza y miró a Sofía con esfuerzo.

—Hermana, todo ha sido un malentendido tuyo.

—¿Ah, sí? —Sofía arqueó la ceja, su expresión era tan indiferente que parecía no importarle en lo más mínimo.

Isidora, al ver que Sofía ni la pelaba, sintió una punzada de rencor, pero tuvo que tragarse su frustración.

Parpadeó y dejó que las lágrimas rodaran por sus mejillas.

—Lo de ayer... no fue como tú piensas.

—Tú estabas cenando con Rafael en el restaurante. Yo también estaba ahí, pero tú no me viste. Desde lejos te observé beber el vaso de agua que él te dio, y luego saliste caminando tambaleándote. Me preocupé mucho, por eso fui detrás de ti.

—Pero también sabía que, si Rafael en verdad quería hacerte algo, aunque yo fuera, no sería de mucha ayuda. Así que lo primero que pensé fue en armar un escándalo y llamar a más gente para que te ayudaran.

Isidora miraba a Sofía con los ojos llenos de suplica, mientras en su mente repasaba si había dicho exactamente lo que su papá le había ordenado.

Por fuera, lloraba como si se le fuera la vida, tan lastimera que daba lástima a cualquiera.

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