Ivana abrazaba a Isidora por los hombros, dándole palmadas suaves en la espalda, mostrando toda la ternura de una madre. Sin embargo, sus ojos destilaban rabia y resentimiento.
Sofía nunca había sido del agrado de Oliver desde que era niña, mientras que Isidora, quien fue adoptada, siempre se mostró comprensiva y atenta. Incluso lograba que Oliver, ocupado como siempre, pasara más tiempo en casa gracias a ella. Pero en los últimos dos años, el carácter de Sofía se volvió más insoportable; aunque Isidora seguía ahí, Oliver ya no se quedaba tanto en casa. Sofía nunca supo ganarse el aprecio de su padre; ahora, para colmo, se atrevía a lastimar a la única persona en quien Isidora podía confiar.
Ivana sentía un rechazo profundo. Al notar que Isidora seguía temblando entre sus brazos, la acarició con voz reconfortante:
—Isi, tranquila, mamá va a hacer justicia por ti.
Solo entonces Isidora levantó la cabeza, con los ojos llenos de tristeza.
—¿De verdad, mamá?
Apretó la manga de Ivana con fuerza, como si temiera que la respuesta fuera negativa.
—Mamá, tú no sabes, Sofía me hizo daño. Por su culpa, me encerraron y me golpearon. Me duele mucho, mamá.
Con expresión lastimera, le mostró a Ivana el brazo cubierto de moretones y cortaduras, cada herida como una bofetada más para la ya alterada Ivana.
—¡Seguro está loca! ¿Cree que por alejarse de la familia Rojas puede hacer lo que le da la gana? Eso le pasa por criarse con su abuela, nunca aprendió a comportarse.
Ivana golpeó la cama con la mano, haciendo que toda la estructura vibrara. Su furia era evidente.
Isidora veía la escena y, aunque por fuera seguía actuando como la víctima, por dentro sentía una satisfacción venenosa. Pero al recordar quién había sido el verdadero causante de todo, apretó el puño y tragó su enojo.
Ahora Rafael era el director ejecutivo del segundo grupo empresarial más grande de la ciudad. Con la familia Rojas venida a menos y sin haber conquistado aún a la familia Santana, Isidora sabía que no podía permitirse provocar a Rafael. Solo pensarlo le traía a la mente la pesadilla de aquel encierro.
Cada golpe de Rafael había sido brutal, sin miramientos. Varias veces creyó que no saldría viva de ahí.
Un destello de miedo cruzó por los ojos de Isidora.
No podía enfrentarse a Rafael, y al final, todo era culpa de Sofía.
Volvió a lanzarse a los brazos de Ivana, fingiendo más dolor, y consiguió su promesa.
—Mamá te va a ayudar a ponerla en su lugar.
—Mamá… —Isidora fingió dudar, pestañeando con aire inocente—. Pero… aunque Sofía está mal, sigue siendo mi hermana. ¿No crees que sería demasiado?
—¿Demasiado? ¡Ella te dejó así y no pensó que son hermanas! Lo que le pasa es que nunca tuvo disciplina. Cuando era pequeña, debí haberle puesto límites. Ahora me toca cumplir como madre.
El tono de Ivana era firme y seguro.
Isidora agachó la cabeza, con una sonrisa astuta oculta en su expresión compungida.
—Mamá, eres muy buena…
—Pero…
Un pensamiento la interrumpió y jaló del brazo a Ivana.
—Mamá, ¿viste las noticias de ayer? Yo le causé un problema a Sofía; ahora que lo pienso, seguro por eso se desquitó conmigo.
Al escucharla, Ivana arrugó la frente.
Isidora sacudió el brazo de Ivana con suavidad, recordando las advertencias de Oliver.
Aunque no quería a Sofía de vuelta, su papá fue muy claro: debía arreglarlo. Quizás tener a Sofía cerca, sufriendo bajo su mirada, tampoco era mala idea.
Al escuchar el cambio de tono en Isidora, Ivana frunció el ceño con tal fuerza que parecía querer partir una nuez.
—¿De verdad eres tan ingenua, Isi? ¿Quieres que me enferme de coraje? ¿¡Y todavía vas y le pides perdón!?
—Mamá, te he visto tan decaída en casa que pensé que extrañabas a Sofía. Además, ya lo dije en varios medios, no puedo echarme para atrás.
Isidora hacía pucheros, con los ojos suplicantes puestos en Ivana.
El rostro de Ivana se suavizó un poco, aunque seguía sin poder ocultar su disgusto al mencionar a Sofía.
—Ya entendí, dime, ¿qué esperas que haga?
Isidora sonrió por fin.
—Mamá, estoy lastimada y no podré ir mañana. Mejor tú ve sola a la casa y habla con ella. No te enojes con Sofía, no vale la pena enfermarte.
Le acarició el pecho a Ivana, como calmándola.
Ivana bufó.
—¿No puedo enojarme? Si regresa a la familia Rojas es solo porque tú lo pediste, si no, ni en sueños la dejaría entrar.

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