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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 531

El abuelo y la abuela caminaban al frente, y también se dieron cuenta del alboroto juguetón de los de atrás. Apenas voltearon, les tocó ver el modo en que Alfonso miraba a Sofía, como si esperara que le lanzaran una soga de salvación.

La abuela, recién estrenada con una nieta de verdad, de inmediato encendió su radar mental.

—¡Paf!—

Con una mano bien firme, le soltó un golpe en la cabeza a Alfonso.

—A ver, tú, el hijo de la familia Castillo, me enteré que viniste a Olivetto a buscar a alguien. ¿No irás a decirme que viniste a buscar a mi Sofía, verdad? ¿Eh?

La abuela lo miraba dura, con las manos en la cintura, imponente como una generala.

Sofía de pronto recordó cómo fue la primera vez que vio a Alfonso. Se tapó la boca para que no la descubrieran riéndose y, aun así, no pudo evitar lanzar otra mirada furtiva hacia él.

Alfonso, mientras tanto, se rascaba la cabeza y soltó un par de quejidos hacia Sofía.

Sofía fingió no verlo, apartando la mirada con descaro.

Alfonso no tuvo de otra más que seguirla mirando, con una cara de mártir, pero como la abuela seguía muy cerca, terminó por sonreírle con nerviosismo.

—Abuelita…

Apenas dijo la palabra, la abuela le dio otro coscorrón.

El abuelo infló las mejillas y lo miró con furia.

—Chamaco, mi Sofía es una muchacha decente. ¿Por qué andas diciendo esas cosas tan a la ligera?

—¿Qué más da si es tuya o mía? Al final de cuentas, todos vamos a ser familia.

Alfonso masculló entre dientes.

—¿Qué dijiste?

La mirada de Julia se volvió afilada.

Alfonso levantó la cara y sonrió, fingiendo inocencia.

—No dije nada, abuelita.

Sofía, que estaba cerca, escuchó clarito lo que Alfonso murmuró. El ambiente era risueño, todos platicaban y bromeaban, pero a Sofía se le quedó dando vueltas en la cabeza lo que Alfonso había soltado.

Lo miró un rato, luego apartó los ojos, y de pronto su tacón aterrizó, casualito, sobre la punta del zapato de Alfonso.

Alfonso sintió el dolor en el dedo del pie y le hizo una mueca a Sofía, pero, al ver que ella apenas contenía la risa, se le escapó una sonrisa que intentó disimular con un leve carraspeo.

—Abuelo, abuela, y también tía, Maite y Esther siguen afuera. Si no salimos pronto, seguro van a estar preocupadas.

Sofía intervino, aunque sus ojos, algo nerviosos, captaron la atención de Julia.

Julia los miró de reojo, con una expresión que decía más de lo que callaba, pero solo murmuró:

—Vamos.

...

Apenas salieron, Esther sacó la cabeza por la ventana del carro.

—¿Por qué tardaron tanto?

Se señaló el reloj de la muñeca.

Capítulo 531 1

Capítulo 531 2

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