El pecho de Isidora subía y bajaba con violencia, y hasta sus ojos parecían arder bajo el peso de la rabia.
—¿Por qué? ¿No se supone que era la primera vez que se veían? ¿Cómo es que también le están dando el derecho de heredar?
La voz de Isidora salió entre dientes, llena de furia.
Toda la amargura que arrastraba se revolvía en su interior como una bestia llamada envidia, que ahora forcejeaba por salir, arañando las paredes de su pecho.
—Tampoco entiendo por qué la familia Santana decidió esto, pero la verdad, así hasta nos sale mejor. Es más de lo que yo había planeado.
La voz de Oliver sonó seria y profunda.
El tono de Oliver, tan calmado y seguro, regresó a Isidora bruscamente a la realidad.
Intentó tranquilizarse, pero el aire aún le salía en bocanadas, y el temblor en su cuerpo no cedía.
Sí, tenía razón.
Si Sofía lograba heredar todo de la familia Santana, al final, eso podía jugarles a favor.
Isidora apretó los dedos hasta que las uñas se hundieron en la palma, el dolor punzante la ayudaba a recobrar la lucidez.
Con los labios apretados y el odio ardiendo todavía en su corazón, apenas podía soportar el malestar.
—Por cierto, los Santana me pidieron que borre todas las noticias sobre Sofía que estaban en tendencia. Ocúpate tú de eso.
—¿Qué? —Isidora sujetó el celular con fuerza—. ¿Si quitamos todo ahora, de qué sirvió todo lo que planeamos tanto tiempo?
—Haz lo que te digo y punto. ¿Acaso hay algo más importante que controlar la herencia de la familia Santana?
Oliver lanzó un bufido de impaciencia, con un tono que no admitía discusión.
Isidora tragó las palabras que tenía atoradas en la garganta.
Por la manera en que Oliver hablaba, era claro que no pensaba ceder.
—Papá, hace poco ya pasé por suficiente vergüenza. Además, estoy lastimada. Si vuelvo a contactar a los medios...
—En estos días lo resuelves. Solo tienes que hacer llamadas desde el hospital, no necesitas moverte de ahí.
Oliver terminó la frase sin emoción y colgó de golpe.
—Tu... tu...—
El tono cortante al final de la llamada dejó a Isidora con los dedos congelados sobre el celular.
Bajó la mano, aún temblando.
Las noticias parecían estar en pausa esos días, todos expectantes de la declaración de Sofía. El escándalo había captado tanta atención, que todos los periodistas buscaban un titular jugoso.
De repente, Oliver anunciaba que no iban a perseguir el asunto, ni pedirle pruebas a Sofía sobre la supuesta supervivencia de Leonor.
Después de tantos días de espera, cualquiera se sentiría decepcionado y furioso.
Isidora, agotada, dejó caer todo su peso en el respaldo del sillón, hundiéndose en el asiento.
—Toc, toc—
—Isi, ¿cómo sigues?
Ivana entró al cuarto, trayendo consigo un tazón de sopa de cebolla, aunque lo dejó a un lado al ver el estado de su hija.
Al cruzar miradas con Ivana, el dolor de Isidora se transformó en lágrimas.
—Te lo juro, Isi, nadie va a lastimarte mientras yo esté aquí.
Isidora siguió llorando en sus brazos.
En el hospital, la escena entre madre e hija era conmovedora. Sin embargo, en los ojos de Ivana brillaba una determinación escalofriante.
...
Mientras tanto, Sofía y los demás salían del restaurante.
Alfonso guiaba a la familia Santana a la entrada del hotel más grande de Olivetto.
—Ahorita los alcanzo.
Alfonso abrió la puerta del carro para los dos adultos mayores y luego, antes de subirse al volante, le guiñó un ojo a Sofía.
—Hmmm—
Jasper hizo una mueca de asco y se encogió de hombros.
Esther lanzó una mirada de desaprobación:
—¿No te da pena hacer el ridículo frente a tus fans?
La fan Maite, que había visto todo, no sabía si reír o llorar.
Jasper, despreocupado, soltó en un español un poco forzado:
—Es pura reacción del cuerpo.
Apenas terminó de hablar, Alfonso, ya sentado en el carro, bajó la ventana. Sus lentes oscuros le resbalaban por la nariz, dejando ver sus ojos intensos y llenos de picardía.

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