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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 114

Alba mantenía su semblante sereno, ignorándola por completo.

Con personas como ella, hasta dedicarles una mirada era un desperdicio.

Se quedó de pie a un lado, en silencio, con una leve y casi imperceptible sonrisa en los labios.

Fue entonces cuando Valeria alzó la voz de repente:

—Hermana, y tú, ¿qué regalo le preparaste a la abuela?

Al ver la expresión de burla anticipada en el rostro de Valeria, Alba supo que estaba esperando que hiciera el ridículo.

Por supuesto, no le daría el gusto.

Alba sonrió levemente, sacó una alargada caja de madera de aspecto rústico y la ofreció con ambas manos:

—Abuela, le deseo una vida llena de salud, paz y muchos años de felicidad. También he preparado un pequeño detalle para usted, espero que sea de su agrado.

La caja no llamaba en absoluto la atención, incluso parecía algo vieja y desgastada, marcando un fuerte contraste con la lujosa caja de sándalo de Valeria.

Al ver esto, los invitados intercambiaron miradas de confusión.

Valeria no pudo evitar soltar un bufido y murmuró en voz baja:

—Una cajita tan ordinaria... ¿Qué cosa buena podría llevar adentro?

Se moría de ganas por ver a Alba humillada en público.

El resto de los presentes también estaba a la expectativa del drama.

A fin de cuentas, Alba era la verdadera nieta biológica de Beatriz. Si su regalo resultaba ser demasiado pobre, no solo dejaría en ridículo a la familia Moreno, sino que decepcionaría profundamente a la abuela.

Con una expresión tranquila, Beatriz tomó la caja de madera y la abrió lentamente.

En cuanto los invitados asomaron la vista, se quedaron pasmados.

La propia Beatriz frunció levemente el ceño.

Dentro de la caja reposaba algo que parecía ser un trozo de rábano viejo y seco.

Valeria fue la primera en no poder contenerse y soltó una carcajada:

—Hermana, ¿qué es esto? ¿Un rábano seco que compraste en el mercado de la esquina?

Era para morirse de risa. Si no tenía dinero para un buen regalo, estaba bien, pero, ¿qué necesidad había de avergonzarse de esa manera en público?

El anciano doctor se volvió emocionado hacia Beatriz:

—¡Señora Moreno, su nieta es impresionante! ¡Un ginseng con esta calidad y antigüedad no se puede comprar ni con todo el dinero del mundo! Y si acaso apareciera a la venta, costaría una auténtica fortuna.

La sonrisa de Valeria se congeló en su rostro y clavó las uñas profundamente en las palmas de sus manos.

Beatriz tomó el ginseng, con un destello de genuina sorpresa en los ojos:

—Mi querida Alba, esto...

—Sé que últimamente no ha estado durmiendo bien, abuela. Le pedí a alguien que buscara esta raíz especialmente en lo más profundo de una montaña, y un maestro boticario ya se encargó de procesarla. Solo necesita mantener un pequeño trocito bajo la lengua cada día; es excelente para calmar el corazón y los nervios —explicó Alba con dulzura.

A Beatriz se le enrojecieron los ojos de la emoción y asintió repetidamente:

—Esto sí que es un tesoro. Eres una niña maravillosa, de verdad que lo eres...

El resto de la familia Moreno se quedó sin palabras al ver la escena.

Jamás imaginaron que el obsequio de Alba sería algo tan considerado y valioso.

Pensaban que su regalo sería el más humilde de todos, y al final terminaron recibiendo una bofetada de realidad en toda la cara.

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