Si Valeria no podía vencerla en el mundo del espectáculo, tendrían que cambiar el campo de batalla.
—Hablaré con tu padre para que te consiga un puesto en el Grupo Moreno. Estar en la sede corporativa será mucho mejor que seguir en el entretenimiento.
—¡¿Qué tiene de bueno ir a trabajar a una oficina?! ¡No quiero pudrirme en un escritorio de nueve a cinco! ¡Es un aburrimiento total!
Valeria rechazó la idea de inmediato; odiaba esa rutina de reuniones y horarios. Nada se comparaba con la farándula.
En la industria, bajo la protección de los Moreno y de sus hermanos, pedía algo y lo tenía, además de vivir rodeada de la adoración de sus fans.
Incluso si no era talentosa ni se esforzaba, la trataban como a la realeza.
Esa vida, llena de comodidades, fama y adulación, era mil veces mejor que un trabajo normal.
Clara intentó persuadirla con paciencia: —Valeria, el mundo del espectáculo es puro humo. ¿De verdad crees que valió la pena desperdiciar estos años ahí?
—El Grupo Moreno es otra cosa. Es la sede central, a la que muchos parientes de la familia matarían por entrar y no pueden.
—Entrarías directo a la gerencia. Con tu padre y tus hermanos ahí, tu palabra será ley.
—Además, el imperio abarca bienes raíces, finanzas, tecnología, farmacéutica... Te codearás con personas de primer nivel. ¿No es eso mucho mejor que la fama de plástico?
En el fondo, Clara quería decirle que no servía para la farándula, pero prefirió decírselo de forma sutil para no herirla.
Valeria aún dudaba: —Pero yo no sé nada de los negocios de la empresa. ¿Qué se supone que haga ahí?
Clara sonrió: —No olvides que la fortuna de los Moreno se construyó sobre la industria farmacéutica. Hoy son los mayores desarrolladores de medicamentos del país, y casualmente, esa es la carrera que estudiaste.
Clara lo había planeado todo. Cuando llegó el momento de elegir carrera, la obligó a estudiar farmacología o medicina.

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