Además, él ya era el rey del Grupo Moreno, no necesitaba llevarse ningún mérito.
¡Pero su Valeria sí lo necesitaba con urgencia!
No solo lo necesitaba, sino que debía aprovechar esa oportunidad para infiltrarse directamente en los departamentos principales del corporativo.
De esa forma, en el futuro, madre e hija podrían trabajar en equipo desde adentro para cumplir con los verdaderos planes que tenía en mente.
Eduardo se quedó en silencio, pero un brillo oscuro y calculador volvió a cruzar por sus astutos ojos.
Fue un destello fugaz, y al instante su expresión volvió a ser la de un hombre enamorado.
—De acuerdo, de acuerdo. Todo lo que sea para beneficiar a Vale, lo aceptaré sin pensarlo dos veces.
—Me duele tanto que tú y Vale tengan que aguantar esta situación, manteniéndose en las sombras. Les juro que las voy a compensar por todo este tiempo.
Tras decir esto, Eduardo volvió a adoptar su máscara de hombre lleno de culpa y dolor.
—No te preocupes por eso. Me basta con saber que soy la dueña de tu corazón y que cuidas de Vale y de mí.
Clara fingió ser una mujer inmensamente comprensiva y considerada, dándole a Eduardo toda la validación emocional que él buscaba.
Pero en su interior, solo escupía desprecio y soltaba risas frías de burla.
¡Ja! ¿De verdad creía que ella se conformaría con vivir sacrificándose en la sombra?
¡Puras fantasías de un estúpido!
Una vez que terminara de destruir a los hermanos Moreno uno por uno, que enviara al infierno a esa anciana decrépita y a Sara, y que tomara el control absoluto del imperio... ¡incluso patearía a Eduardo a la calle!
Un inútil que dependía de las faldas de las mujeres para resolver sus problemas, ¡jamás sería digno de ser su hombre!
¡Ni siquiera le llegaba a los talones a "ese hombre"!
Si no fuera porque ahora mismo Eduardo le era útil y hacía cualquier cosa para complacerla, ¡lo habría botado hace años!

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