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ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 2

La mirada penetrante de la mujer lo intimidó tanto que negó con la cabeza repetidamente. —No... no hace falta.

A Yolanda se le acabó la paciencia. La reacción de este doctor le dejó clarísimo que haber ido al hospital había sido una reverenda estupidez. Pero, como le había costado tanto trabajo animarse a salir de su casa ese día, no quería regresar con las manos vacías.

Se puso de pie y, mirándolo de arriba abajo, ordenó: —Deme la receta.

—¿Qué? —El médico se quedó pasmado.

Yolanda habló con naturalidad: —Risperidona, Blonanserina, lo que sea. Si eso no lo mata a él, que me mate a mí.

El golpe de la pluma al caer al suelo resonó en la habitación; la frase lo había asustado tanto que se le resbaló de las manos.

Yolanda se cruzó de brazos y lo miró con aire evaluador. —Si sigues así, voy a dudar de tu profesionalismo.

El hombre reaccionó y se agachó de volada a recoger la pluma. Al inclinarse, su mirada captó unas pantorrillas tan blancas que parecían brillar, pero quitó la vista de inmediato. Por deslumbrante que fuera, no pensaba arriesgar el pellejo por mirarla de más.

Esta Yolanda no era ninguna santa. Originalmente, solo era la hija adoptiva de los Castillo, pero en menos de diez años se convirtió en la nueva esposa del hombre a cargo de la familia. Corría el rumor de que aquella mujer era tan hermosa como implacable, y que cualquiera que la ofendiera acababa pagándolo caro.

El hombre tragó saliva y forzó una sonrisa. —Ahorita mismo le hago la receta. Puede pasar a la sala de espera VIP a descansar, la enfermera le llevará los medicamentos en cuanto estén listos.

—Sale. Pero que no tarden, no me gusta esperar.

Yolanda se dio la vuelta y salió del consultorio, pero justo al dar vuelta en el pasillo, recordó que necesitaba un justificante y regresó sobre sus pasos.

Capítulo 2 1

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