En cuanto Doña Paula y las demás desaparecieron, Claudia reaccionó. Frunció el ceño y observó a Yolanda de arriba a abajo.
—Yolanda, ¿qué bicho te picó?
Yolanda la ignoró por completo. Levantó la mirada y se puso a detallar el lugar.
La puerta principal se alzaba imponente, con los reflejos del sol proyectando formas de flores en el suelo. El salón era amplio y de techos altísimos. Arriba, el gran tragaluz inundaba el salón con una luz cálida y deslumbrante. Aquel ambiente de lujo antiguo, propio de una familia de abolengo, tenía un olor tibio a madera, polvo y sol que volvía la escena extrañamente real.
Estaba en el salón principal de Villa Castillo.
—Yolanda, tú... —Claudia iba a reclamarle por ignorarla, pero vio a alguien subiendo por las escaleras. Cambió su expresión al instante y lo saludó con una sonrisa—. Ernesto.
Ernesto Castillo era el mayordomo principal de la mansión. Llevaba cuarenta años trabajando para la familia y cada una de sus palabras representaba la voluntad del abuelo Castillo. Por eso, ni siquiera Claudia se atrevía a portarse mal con él.
—Señora, el patrón ya se enteró de lo que pasó aquí afuera y mandó a llamar a la señorita Aguirre. —Ernesto clavó la mirada en Yolanda.
¡¿El abuelo?!
Yolanda se quedó paralizada por un momento.
—Ernesto, Yolanda también está muy asustada. ¿Podrías darle un par de minutos para que se calme antes de ir a ver al señor?
El asunto de empujar a Carmen por las escaleras podía ser tan grave o tan leve como se manejara. Claudia quería aprovechar esos minutos para darle instrucciones a Yolanda y asegurarse de que no dijera ninguna estupidez que hiciera enojar al viejo.
Ernesto observó a Yolanda. Al verla con la mirada perdida y la actitud nerviosa, asintió de mala gana.
—Señora Aguirre, no haga esperar mucho al patrón. —Dicho esto, se dio la vuelta para irse.
—Espere.
Yolanda lo agarró de la camisa.
—Quiero ver a mi abuelo ahorita mismo.
Claudia se quedó de piedra y su rostro palideció. ¡¿Qué le pasaba a esa escuincla?! ¡¿Por qué de repente le estaba llevando la contra todo el tiempo?!
Ernesto se sorprendió bastante y no pudo evitar mirar a Yolanda con curiosidad. Antes, la señorita Aguirre siempre hacía todo lo que Claudia le ordenaba, dejando incluso al abuelo en segundo plano. ¿Qué mosca le había picado hoy?
A Claudia se le congeló la sonrisa, pero a estas alturas no le convenía hacer un escándalo. Fingiendo ternura, le acomodó el fleco a Yolanda.
—Yolanda, ahorita que veas a tu abuelito, tú...
Antes de que pudiera terminar, Yolanda le dio un manotazo, se giró hacia Ernesto y le dijo:

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