Era evidente. Sebastián solo la estaba usando para llenar el tiempo libre antes de su cita con la mujer que realmente le importaba. Hasta para ver esos espléndidos fuegos artificiales, a ella le tocarían solo las sobras de lo que había preparado para Silvana.
Vera no pudo evitar esbozar una sonrisa irónica.
¿Le alcanzaría el tiempo a Sebastián para estar con ambas?
Tenía que aplaudirle su excelente habilidad para organizar su agenda.
Decir que estaba ahí para "celebrar su cumpleaños" solo era una fachada para quedar bien.
Si se hubiera creído el cuento de que le importaba...
Habría terminado plantada a mitad de la noche porque, sin duda alguna, él se habría ido a buscar a Silvana.
Por suerte.
Nunca tuvo la más mínima esperanza.
Por eso, ahora no sentía ninguna molestia en absoluto.
—¿En qué piensas?
Escuchó pasos acercándose por detrás.
Vera se giró. Sebastián bajó un poco la mirada, la observó por un segundo y luego dirigió la vista a la pantalla del monitor.
Lorenzo no mostraba ninguna intención de irse.
Parecía que si la puerta no se abría, él se quedaría plantado ahí.
De un lado de la puerta y del otro, la situación explotaría apenas se abriera.
Vera analizó rápidamente la situación y soltó de golpe: —Escóndete en la habitación por un rato.
No quería que su "relación matrimonial" se hiciera pública ahora que ya estaban divorciados.
¿Señora Zambrano? Ella ya no lo era.
Lo mejor para el futuro era no tener ninguna atadura.
Su tono fue tan frío y natural...
Tan natural que a Sebastián por un momento le pareció irreal.
Era como si él fuera un simple amante a escondidas.
Sus ojos oscuros la miraron fijamente por un buen rato.
Vera sintió esa presión inexplicable; era lógico, un hombre con el nivel y el ego de Sebastián jamás aceptaría el "insulto" de tener que esconderse.
Así que señaló la pantalla, dándole un buen argumento: —Afuera está la dueña de tus quincenas. Si nos ve juntos, armará un drama y te va a costar mucho contentarla. Además, supongo que no quieres que Lorenzo se entere de que ella en realidad se robó al marido de su hermana.
Por si fuera poco...
Silvana y Sebastián tenían una cita esa noche.
Y si por ese pequeño detalle terminaban peleados, ella no se haría responsable.
Sebastián la miró de reojo, notando lo inexpresiva que estaba mientras decía aquellas verdades.
—Vaya, qué considerada eres conmigo —respondió él en un tono monótono.
Sin hacer el menor intento de moverse de ahí.

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