—Esa niña es la heredera de la familia Herrera. Ya sabes lo que dicen: "Los Herrera son tan poderosos como los Zambrano". Es una niña con mucha suerte, aunque no sé de qué rama de la familia provenga.
Instintivamente, Silvana Iriarte miró de reojo a Saúl Jr.
Tendría que advertirle que no se metiera con esa niña; no quería provocar problemas con los Herrera.
—No lo sé.
Sebastián Zambrano entrecerró ligeramente los ojos.
Le había preguntado hace un momento, pero la niña no le había dado ninguna información útil.
A pesar de su corta edad, tenía sus defensas bien altas.
Era muy lista.
Silvana tampoco le dio mucha importancia a la hija de otra persona.
Al final, no tenían nada que ver con ellos.
Recordando algo, una sonrisa inundó sus ojos y preguntó de pronto: —Sebastián, de los hoteles que te mandé, ¿te gustó alguno?
Sebastián lo pensó un segundo: —Deja que Quintana se encargue de organizar eso.
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—¿Estás muy unida a ese señor? —Después de que Vera Suárez la llevara en brazos por un rato, Lina le dio unas palmaditas en el hombro indicando que ya podía caminar sola.
Vera se agachó a su altura: —... Supongo que sí.
No supo cómo responder a esa pregunta.
Odiaba la idea de mentirle a Lina, por lo que las palabras le salían con suma dificultad.
Lina se quedó pensativa: —Ese señor tenía mucha curiosidad sobre mí. Hasta me preguntó por mi papá y por ti.
El cuero cabelludo de Vera se erizó por completo.
Ella sabía perfectamente lo inteligente que era Sebastián.
Ese hombre era capaz de deducir la verdad entera con solo un pequeño hilo suelto.
Apretó rápidamente la mano de Lina: —¿Y qué le dijiste?
Lina soltó un resoplido orgulloso. Sus enormes ojos y sus hermosos párpados dobles se iluminaron mientras mostraba sus dulces hoyuelos: —No le dije nada. Es un secreto y ni siquiera lo conozco.
La pequeña estaba encantada consigo misma.
Vera por fin pudo exhalar tranquila.

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