—Mucha.
—¿Por alguien en especial?
Esa pregunta la detuvo en seco.
Por un segundo, Vera creyó que Sebastián había notado algo extraño, pero luego comprendió que no era eso. Tal vez...
¿Había visto que Adriano la trajo a casa?
Decidió seguirle el juego: —Piensa lo que quieras.
El silencio volvió a envolverlos, roto únicamente por el eco de sus pasos.
No supo cuánto tiempo pasó.
Parecía que Sebastián no tenía intención de seguir con el tema, ya fuera por desinterés o porque no creía en sus evasivas. De pronto, murmuró con un tono casual:
—Felicidades.
Vera giró la cabeza para mirarlo.
Él sostuvo su mirada: —Por la aprobación del medicamento de Héxilo Digital.
Vera lo entendió todo y dejó escapar una sonrisa amarga. —Sebastián, no tienes que ser tan sarcástico. Si Silvana no consiguió el crédito en el proyecto y está molesta, ¿de verdad esperarías que crea que me estás felicitando de corazón?
En el fondo, él solo sentía que su adorada amante había sido agraviada. Más que una felicitación, era un reclamo.
La mirada de Vera era punzante.
Sebastián entrecerró los ojos y soltó una risa seca y sin motivo aparente. —Mi Sol, ¿te molesta de verdad o solo buscas una excusa para hacerme un berrinche?
Su actitud era tan relajada, tan indiferente, que a Vera se le esfumaron las ganas de pelear. Era como golpear una pared de algodón; inútil.
Ella solo estaba diciendo la verdad, ¿y para él eso era "hacer un berrinche"?
Prefirió guardar silencio.
Caminaron juntos el resto del trayecto, como si fueran una pareja normal dando un paseo. Pero la atmósfera era rígida y gélida.
Al entrar a la casa, Sebastián se aflojó la corbata y soltó: —El 29 es el cumpleaños de Don Ramiro Flores. Tienes que acompañarme. El Grupo Zambrano tiene futuros proyectos con la familia Flores.
Vera lo entendió de inmediato. Le estaba pidiendo que guardara las apariencias por el bien de la empresa.
La familia Flores y los Zambrano tenían una relación estrecha y sabían que Sebastián estaba casado. Si ella no aparecía, sería visto como una falta de respeto imperdonable.
Además, Doña Isabel jamás permitiría que se quedara en casa por un capricho.
Pero...
Vera lo miró con evidente confusión.
Asistir juntos.
¿Acaso eso significaba que iba a presentarla públicamente como su esposa?
¿De verdad estaba dispuesto a hacerlo?
Pero como Sebastián no parecía tener intención de dar explicaciones, Vera tampoco indagó más.
Pedro Zárate corrió al laboratorio a buscarla a primera hora: —Ya coticé algunas opciones para el viaje de celebración del equipo. Cancún, Miami, Las Vegas. Todos votaron por Miami. ¿Qué te parece?
A Vera le pareció perfecto: —Suena genial. Es un paraíso para las compras, les daremos tarjetas de regalo para que las aprovechen.
A ella le gustaba dar recompensas reales, nada de discursos vacíos.
—¿Ya tienen fecha?
—Saldremos el día 2, ¿te parece bien?
Vera calculó mentalmente. Era justo después del cumpleaños de Don Ramiro Flores, así que no habría conflictos de agenda. Perfecto.
Llegó el día 29.
Sábado.
La familia Flores había cerrado un lujoso hotel resort.
Estaba a las afueras de la ciudad. El trayecto era largo. Recordando que debía asistir con Sebastián, Vera eligió un elegante vestido sin mangas en tono azul celeste, cuyo largo rozaba sus pantorrillas, dejando a la vista sus delicados tobillos.
De reojo, notó el broche de zafiro sobre el tocador.
Los colores combinaban a la perfección.
Lo tomó y se lo prendió en el pecho.
Estaba a punto de llamar a Sebastián.
Cuando su teléfono sonó primero.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...