Julián, por supuesto, no había olvidado el asunto con Adriano Herrera.
Sin dudarlo, se interpuso en el camino de Vera.
—En la finca tenemos un campo de tiro con arco bastante amplio —dijo con tono casual—. Muchos de los posibles socios que le vendrían de maravilla a Héxilo Digital están allá, divirtiéndose un rato. ¿Por qué no nos acompañan?
Vera lo meditó un segundo.
Todos los presentes ese día eran peces gordos del sector médico y tecnológico; era una oportunidad de oro y una plataforma inmejorable que no podía dejar pasar.
—Me parece bien —aceptó.
Julián entonces se dirigió a Sebastián y a su grupo.
—Vamos todos.
Luego, miró a Silvana con cierta complicidad:
—Deberías aprovechar para conocer a más gente. Te abrirá muchas puertas para que tu proyecto despegue sin problemas en el futuro.
Silvana notó que Julián genuinamente quería apoyarla. Aunque Doña Elia no estuviera dispuesta a darle recursos, tener a alguien como Julián Valdés de su lado era motivo suficiente para sentirse victoriosa.
A Vera le importaba un bledo lo que hicieran ellos.
En el mundo de los negocios, cada quien se defendía con sus propias garras.
Fue Ivonne quien no pudo evitar rodar los ojos y murmurar por lo bajo:
—Tú tranquila. Ahorita que llegue Adriano, él mismo nos va a presentar a quien haga falta. A Héxilo no le van a faltar ofertas de colaboración.
Al llegar al destino, se encontraron con un campo de tiro con arco exclusivo. Al estar al aire libre, el ambiente era mucho más relajado y entretenido que en el interior.
El área era inmensa, y en efecto, había varios grupos de personas lanzando flechas mientras cerraban tratos.
Vera no se sorprendió en lo más mínimo por la escena.
Así era el círculo de la élite. Los negocios no siempre requerían reuniones rígidas y formales; también podían cerrarse entre risas y juegos.
Sin embargo, apenas dio unos pasos, sus ojos se toparon a lo lejos con Lorenzo Luján, quien estaba charlando animadamente con una copa en la mano.
Lorenzo giró la cabeza y, al verla, pareció sorprenderse, pero inmediatamente dejó a su grupo y caminó hacia ella sin dudarlo. La recorrió de arriba a abajo con una mirada ardiente e intensa.
—Te mandé varios mensajes, ¿por qué me dejaste en visto? —le soltó, sin rodeos.
A Lorenzo no le parecía un tema tabú ni sentía que estuviera perdiendo la dignidad por preguntar.
Un hombre seguro de sí mismo no necesitaba andarse con ese tipo de orgullo.
Lorenzo apenas asintió con la cabeza en forma de respuesta.
Silvana notó que él seguía con la vista clavada en Vera, pareciendo dispuesto a continuar la conversación, y se sintió aún más desconcertada.
¿Cómo era posible que Lorenzo no se ofendiera con esos desplantes?
Primero, Adriano Herrera proponiéndole matrimonio; ahora, Lorenzo Luján profundamente interesado en ella...
Silvana apretó los labios.
¿Con qué los enganchaba para tenerlos así de embobados?
Llena de dudas y frustración, miró de reojo a Sebastián, quien estaba a su lado.
Sebastián estaba atendiendo una llamada en su celular, completamente ajeno a la interacción entre Vera y Lorenzo. Parecía importarle un comino, como si estuviera completamente seguro de que entre ellos no saldría ni una sola chispa.
Cuando Julián llegó a la zona, le lanzó una mirada indescifrable a Lorenzo.
La verdad era que Julián lo había invitado a la fiesta con toda la intención del mundo.
Sabía del interés de Lorenzo por Vera, y ya que no podía convencer a Adriano de que cortara de raíz su relación con esa mujer... Eso no significaba que no pudiera encargarse de empujarla a los brazos de otros hombres.
Y justo hoy, iba a asegurarse de encontrar la manera de que Adriano terminara sintiendo un profundo asco por Vera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...