Vera se quedó de una pieza.
Con el corazón dándole un vuelco.
Se giró lentamente hasta encontrarse con la mirada profunda de Adriano.
Adriano notó al instante su incomodidad. Sus facciones, por lo general serias e inescrutables, se suavizaron con una leve sonrisa.
Le tendió su bolso y le dijo en voz baja: —No hay límite de tiempo. No te sientas presionada.
Con esa sutileza, logró disipar la tensión del ambiente, anticipándose y bloqueando cualquier rechazo automático que ella estuviera a punto de soltar.
Luego, se despidió con calma: —Nos vemos en la próxima.
Ni siquiera insistió en obtener una respuesta. Sabía perfectamente cuándo avanzar y cuándo retirarse.
Vera se quedó de pie en la puerta. Su cerebro trabajaba a mil por hora, procesando una mezcla de emociones difíciles de nombrar.
La última vez que Adriano le propuso matrimonio, ambos lo dejaron pasar con tanta ligereza que ella, inconscientemente, lo archivó en su mente como si hubiera sido una simple broma pesada.
Pero al sacar el tema de nuevo, Adriano dejaba muy claro que hablaba completamente en serio.
Vera se rascó la cabeza, frustrada. Ella era el tipo de persona capaz de bromear sobre cualquier cosa o reírse para restarle importancia a los problemas, pero cuando se enfrentaba a una declaración tan directa y sin escapatoria, se quedaba paralizada, sin saber qué hacer.
En su opinión, su única relación amorosa había sido un absoluto desastre.
Negar que estaba decepcionada de los hombres y del amor sería mentir.
Pedirle que volviera a abrir su corazón era pedirle casi un milagro.
Quizás Adriano solo estaba usándola para librarse del compromiso con la familia Valdés. No había una base real entre ellos, e incluso si él sentía un poco de interés ahora, ¿cuánto tiempo duraría la novedad?
Vera admitía ser una mujer demasiado realista; no le gustaba preocuparse por un futuro incierto.
Dejó escapar un largo suspiro.
Al volver a subir a su oficina, revisó su teléfono. Tenía un mensaje de Lorenzo Luján en WhatsApp.
Lorenzo: *Vera, ¿qué está pasando exactamente entre el señor Herrera y tú? Él está comprometido con la familia Valdés. Espero que entres en razón, no le des falsas esperanzas y lo rechaces de una vez. No se puede ser tan ambiciosa en la vida. Si no pudiste atrapar a un hombre con dueña como el señor Zambrano, al menos no andes ilusionando a tantos hombres a la vez.*
Vera se masajeó las sienes.
Tenía unas ganas inmensas de bloquearlo ahí mismo, pero Lorenzo era uno de los inversionistas de la empresa. Trágicamente, no podía darse ese lujo.
Decidió ignorar el mensaje, puso el chat en silencio y volvió a concentrarse en su trabajo.
Silvana frunció el ceño.
¿Acaso la estaba llamando arrogante?
Pero decidió que no le importaba.
Ahora que los derechos estaban asegurados, su siguiente paso era aplicar para su doctorado. ¿Para qué perder el tiempo discutiendo con Vera? Estaban en ligas completamente diferentes; Vera jamás alcanzaría su nivel.
—Todo está en orden. Un placer hacer negocios —dijo Silvana, de excelente humor.
Curiosamente, Vera también estaba de buen ánimo.
Iba a recibir una jugosa suma por esos derechos, lo cual venía de maravilla. Cada centavo iría directo a sus ahorros para el futuro.
—Que tenga un buen día —se despidió Pedro, sin ánimos de alargar la plática.
De pronto, Silvana añadió: —Pedro, es probable que nos veamos más seguido a partir de ahora. He presentado mi solicitud para el programa de doctorado del Director Zárate. Podríamos decir que nos convertiremos en buenos colegas y amigos.
Mientras hablaba, le lanzó una mirada fulminante a Vera.
Quería asegurarse de que la "simple empleada" entendiera la abismal diferencia de clases entre ellas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...