Entraron juntos al consultorio médico.
La joven enfermera seguía hablando sin parar:
—¡Ay, Dios mío! Viendo parejas así, ¿a quién le daría miedo el matrimonio? Acabo de confirmar una gran verdad de la vida.
Vera ya había vuelto a sumergirse en sus hojas de cálculo.
—A ver, ilumíname —dijo sin levantar la vista.
—¡Entre más guapos, más fieles!
—… —Vera miró de hito en hito a la chica, que apenas era tres o cuatro años menor que ella, y no pudo evitar replicar—: El supuesto encanto de un hombre es producto exclusivo de la imaginación de una mujer.
La enfermera protestó:
—¡Claro que no! ¡Si solo hay que verlos, se nota que se aman con locura!
—…
Contra eso, Vera no tenía argumentos.
Como la esposa legal en este circo, no le quedaba más remedio que aplaudirle a esta apasionada historia de infidelidad.
—Jefa Suárez, dime, ¿por qué los hombres guapos y fieles como él no están disponibles en el mercado? —suspiró la chica con dramatismo.
Vera cerró la carpeta de golpe y le dio unas palmaditas en el hombro.
—Están disponibles, te lo aseguro. Tal vez no lo agarres nuevecito, pero de tercera, cuarta o quinta mano seguro lo consigues. El mayor sueño de un hombre es saltar de cama en cama. Rematan el cuerpo porque la dignidad no les vale un peso.
La enfermera se quedó muda.
—…
¿Y de segunda mano no hay? ¿Por qué saltó directo a los de tercera mano?
Vera no tenía ganas de seguir con el tema.
La enfermera la miró con preocupación.
—Jefa, de verdad te ves muy pálida. ¿Segura que no vas a tomar nada para el resfriado?
Vera sonrió débilmente y negó con la cabeza.
—Estoy bien, ya casi se me quita.
La chica no insistió más.
Durante toda la mañana, Vera terminó de analizar los protocolos del departamento de medicina natural de CIMA.
En su descanso, Ivonne le bombardeó el celular con capturas de pantalla de WhatsApp.
Todas hablaban de Silvana.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano