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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 666

Vera salió de sus pensamientos.

Comprendió que Alexa pensaba que las palabras de Silvana la habían lastimado.

Se encogió de hombros, sin darle importancia:

—No, en absoluto. Dijo la verdad, pero, honestamente, es algo que dejó de importarme hace mucho tiempo. Ya no me afecta en lo más mínimo.

Las personas y los asuntos que ya no le importaban simplemente no podían herirla.

Alexa la observó detenidamente, como tratando de comprobar si decía la verdad, y luego esbozó una sonrisa deslumbrante:

—¡Qué alivio! Eres mucho más madura y optimista de lo que imaginaba, profesora.

Vera arqueó una ceja, pero no se molestó en explicarle.

Nadie que pasa por ese tipo de cosas puede simplemente ser "optimista" desde el principio. Solo era cuestión de haber sufrido tanto que las lágrimas y el dolor se habían secado, dejándola endurecida por las circunstancias.

Miró su reloj.

Decidió que era mejor llamar al enfermero de su abuelo.

-

En la oficina de la gerencia, en el último piso.

En el pasado, esta área era manejada por la familia Iriarte. Como Sebastián les había dejado acceso libre después de hacerse cargo de la joyería, ambas mujeres pudieron subir sin ningún problema.

Beatriz suspiró aliviada:

—Menos mal que vinimos temprano. Si nos hubiéramos tardado más y el señor Zambrano se hubiera acordado de revocar nuestro acceso, habría ordenado que nos bloquearan la entrada y esto habría sido un desastre.

Ingresó la contraseña de la oficina.

Seguía siendo la misma.

No la habían cambiado en todos estos años.

Silvana, agobiada por el desastre de Núcleo Industrial, estaba impaciente y de mal humor:

—Apúrate, alguien podría venir.

Beatriz encendió la computadora a toda prisa.

Había manejado ese lugar durante unos meses, por lo que conocía perfectamente los sistemas y el software.

Además, en el pasado, Saúl Iriarte utilizaba esa oficina para conectarse con contactos clandestinos a través de la red profunda, usando direcciones de sitios web y códigos encriptados. Su objetivo al estar allí era verificar si había quedado algún rastro de aquellos tiempos.

Introdujo la antigua dirección web en el sistema y luego buscó el código de contacto confidencial.

Se dio cuenta de que no quedaba ningún registro. Hoy, al ingresar los datos, parecía como si fuera la primera vez. En aquel entonces, habían borrado todo rastro.

Beatriz respiró tranquila.

Capítulo 666 1

Capítulo 666 2

Capítulo 666 3

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