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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 73

—¡Es el hombre perfecto, ya quisiera una suerte así!

—Si se casan pronto, nos tienen que invitar, eh.

Julián se acercó con las manos en los bolsillos, le lanzó una mirada altanera a Vera y dijo riendo: —Si Sebastián no les manda la invitación, yo me encargo de entregárselas en persona.

Silvana soltó una risa nerviosa y modesta: —Ay, Julián, no bromees con eso. Hoy lo importante es el proyecto.

Esa actitud de profesionalismo primero solo provocó más suspiros de admiración entre los presentes.

—¿No vino Pedro Zárate?

De repente, Silvana soltó la pregunta al aire.

El equipo de Héxilo Digital miró de inmediato a Vera. Todos sabían perfectamente que, en ausencia de Pedro, Vera era la encargada del proyecto.

Vera le sostuvo la mirada: —¿Se te ofrece algo?

Silvana mantuvo la compostura: —Si Pedro no vino, ¿quién toma las decisiones aquí?

En un proyecto tan prestigioso, si permitían que una inútil como Vera llevara la batuta, terminarían poniéndole su nombre a un trabajo que no merecía.

—¿Acaso estás hablando en nombre de la universidad, señorita Iriarte? —contraatacó Vera.

Silvana forzó una sonrisa: —Solo hice una pregunta, no tienes por qué ponerte a la defensiva.

—Y tú eres muy sensible —respondió Vera en tono aburrido.

El rostro de Silvana se tensó.

Se atragantó con sus propias palabras y una sombra de furia cruzó sus ojos.

¡Qué vulgar era Vera! ¡Solo abría la boca para escupir veneno!

El ambiente se volvió denso e incómodo.

Todos se giraron para mirar a Vera.

Y por una fracción de segundo, se quedaron sin aliento.

No era para menos.

Vera era espectacularmente hermosa.

Tenía una figura envidiable y una piel radiante; sin una gota de maquillaje, su belleza natural era arrasadora.

Pero como mantenía un perfil tan bajo, nadie se había fijado en ella hasta ese momento.

—El restaurante ya está reservado. Podemos ir avanzando —intervino Sebastián con su voz profunda, rompiendo la tensión.

Vera lo miró de reojo.

Claro, saltando al rescate para que nadie dejara en mal a su princesita.

Julián Valdés aplaudió para animar a la gente: —Ya están los autos afuera. Podemos seguir platicando en la mesa.

Vera subió al transporte de la empresa con el equipo de Héxilo.

Silvana frunció el ceño y se acercó al Profesor Rivas: —¿Cómo se organizó el equipo de Héxilo? ¿Acaso trajeron a todos sus investigadores clave?

El Profesor Rivas asintió: —Así es, todos los líderes están aquí.

Silvana no pudo ocultar su molestia.

¿Cómo demonios una mediocre como Vera se había infiltrado en un equipo élite como ese?

¿A quién tuvo que engañar?

¿O... qué hizo para conseguirlo?

El restaurante que eligió Sebastián era un lugar exclusivo de la capital, con un costo elevadísimo por cabeza. Un sitio donde se requería reserva de un mes. A veces, ni con dinero podías entrar.

Los estudiantes miraban a Silvana con devoción y envidia.

—Tener un novio así de guapo, rico y detallista... Ya nos podemos morir en paz.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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