La situación actual ya era un incendio incontrolable.
Sebastián había declarado frente a todos que Lina era su legítima hija, y no una bastarda.
Puede que el público en general no supiera nada del compromiso entre Adriano y Vera, pero en su círculo social era un secreto a voces. Si la familia Herrera quería limpiarse las manos, tendría que darle explicaciones a los Zambrano, y esa explicación requeriría, inevitablemente, suavizar las asperezas.
Cambiar de novia parecía la solución perfecta.
Adriano no inmutó un solo músculo de su rostro mientras miraba desde arriba a Alexa, quien parecía estar sugiriéndole, con toda la sinceridad del mundo, una estrategia para salvar el prestigio de su familia.
Tras unos segundos de pesado silencio.
Él habló con voz gélida: —¿Para ti el matrimonio es un juego? ¿Como mercancía barata que se cambia si el precio conviene?
Alexa parpadeó rápidamente, se mordió el labio y negó con la cabeza: —No me refería a eso... Es solo que los Herrera están bajo fuego, arrinconados por los Zambrano y expuestos a las críticas de la sociedad. Sé que usted la está pasando muy mal.
Adriano la miró con un semblante oscuro: —¿Y tú quién eres?
Alexa se desconcertó: —¿Qué?
Él la observó con fijeza: —¿Acaso Vera y tú no son familia? Siendo su propia media hermana, en lugar de apoyarla, vienes a darme ideas para que yo cancele la boda y la humille. Parece que se te olvidó a qué familia perteneces, y vienes aquí a buscar mi complicidad para que la abandone y la traicione. Dime, ¿qué clase de persona crees que eres?
Alexa lució aterrada, y su rostro delicado se puso rojo como un tomate. Quiso defenderse, pero con los ojos llenos de lágrimas, no encontraba las palabras.
Su actitud indefensa y lastimera estaba diseñada para despertar instintos protectores en cualquiera.
—Lo siento, no quise decir eso. Los Valdés y los Herrera hemos sido amigos por muchos años, y a usted también lo conozco desde hace tiempo. Solo me dolía verlo sufrir por culpa de todos esos chismes asquerosos...
Parecía tener el corazón roto por las crueles palabras de Adriano.
Y su voz se entrecortó en sollozos.
Pero Adriano no tenía el más mínimo interés en consolarla; su única preocupación era que Sebastián se había llevado a Vera.
Lo que le pasara a Alexa le tenía sin cuidado.
Se dio media vuelta, listo para marcharse.
No tenía forma de saber si sus palabras habían surtido efecto.
Pero después de todo lo que había pasado, celebrar la boda sería un acto suicida. Era un hecho irrefutable que Vera jamás lograría entrar a la familia Herrera, y en cuanto a los Zambrano, después de haber sido humillados de esa manera, serían aún menos tolerantes con ella.
Alexa bajó la mirada y jugueteó con el dobladillo de su ropa.
Al final del día, Vera no sacaría ningún provecho de ninguna de las dos familias.
Se quedaría con las manos completamente vacías.
-
Sebastián caminaba a zancadas.
Llevaba a Vera fuertemente agarrada de la muñeca. A ella le costaba seguirle el ritmo, hasta que llegaron al auto. Él abrió la puerta y la miró: —Sube.
Vera apretó los labios con fuerza, tomó varias bocanadas de aire para calmar el latido acelerado de su corazón y se subió al vehículo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...