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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 826

Gisela y el resto de la familia Herrera se pusieron pálidos de rabia.

Por otro lado.

Doña Elia y el Maestro Cárdenas se encontraban sentados en la zona VIP.

Aunque ambos permanecían en sus asientos, sus rostros denotaban una furia implacable.

Jamás imaginaron que Vera había sido sometida a tantas humillaciones y abusos por parte de los Herrera. ¡Vaya arrogancia la de esa familia!

Doña Elia tenía la expresión congelada; cruzó miradas con el Maestro Cárdenas, pero ambos lograron contener su ira, esperando el momento exacto para intervenir.

Quien no aguantó más fue Ciro Valdés, ignorando por completo los intentos de Viviana por detenerlo.

—¡¿Qué demonios significa esto, familia Herrera?! ¿Acaso creen que los Valdés no somos nadie? ¡Nadie humilla así a la hija de Ciro Valdés! —bramó enfurecido.

¡Si Vera tenía una hija, esa niña era sangre de los Valdés! ¡Quién se creían los Herrera, unos simples extraños, para tratarla como mercancía!

Alexa Valdés también salió de su estupor.

Esa niña...

De verdad era hija de Sebastián.

Sebastián no había aparecido en la Universidad Central solo para salvarle el pellejo a Vera; lo había hecho para proteger... a Vera y a su hija.

En silencio, Alexa apretó los puños, buscando con la mirada por todo el salón.

Hasta que encontró a Sebastián, observando desde un rincón.

Estaba sentado, con las piernas largas cruzadas, con la actitud de un simple espectador.

La intervención de Ciro Valdés cayó como otra bomba.

El hecho de que Vera fuera la heredera de los Valdés arrastró a esa familia directamente al ojo del huracán.

Pero lo que todos realmente morían por saber...

Era la postura de Sebastián.

Desde su llegada, había generado cuchicheos y asombro, pero ahora, todas las miradas convergían en él como un imán.

Uno de los invitados mayores no pudo resistirse a preguntar:

—Señor Zambrano, ¿esto es cierto?

El enfoque del drama había cambiado de un momento a otro.

Bajo el escrutinio de todos, Sebastián levantó la vista lentamente.

Sus ojos se encontraron con los de Vera, en el escenario.

Vio la delgada silueta de la mujer enfrentándose sola a la tempestad, con los puños apretados, decidida a sacrificarlo todo. Había roto cualquier puente, desafiando frontalmente a los Herrera y a Adriano, dejando claro que prefería que todo ardiera antes que rendirse.

Cerró la tapa metálica de su encendedor, estiró sus largas piernas y se puso de pie.

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