—Señorita D'Santi, por favor, entre, no pretendo hacerle nada—le hizo saber él, ocultando una sonrisa, al ver que ella no se decidía a entrar en el elevador. —Entre más tiempo nos demoremos aquí, más fuerte será la tormenta y ahí sí que ni usted, ni yo, podremos irnos a casa.
Alessandra asintió con los nervios a flor de piel, consciente de que se estaba comportando como una chiquilla tonta e inmadura, él tenía razón, no le haría nada, tampoco es que fuera un enfermo desquiciado, que iba a aprovecharse de ella o hacer algo en contra de su voluntad, ¡Qué tonta era! Se decidió al fin a ingresar en el elevador, las puertas se cerraron al instante y un silencio inundó ese pequeño espacio que los albergaba. Ella sentía que pronto sus latidos la delatarían o que el corazón le saltaría del pecho y él, no se quedaba atrás, tenía una sensación de falta de aire que le prohibía respirar a como era debido. Sin que lo planearan o siquiera lo pensaran, las miradas de ambos se encontraron por unas pequeñas fracciones de segundos, Dominic se perdió como nunca en sus ojos claros, absolutamente fascinado por esa transparencia que irradiaban, ¿Cómo es que podían existir unos ojos tan bonitos como esos? más aún, en el rostro de tan bella mujer, ¡qué suerte tenía Vittorio! ¿Pero qué carajos estaba pensando? ¿Suerte por qué? A él le sobraban las mujeres y no las quería para más que una noche, solo eso.
Llegaron al estacionamiento privado del magnate, Alessandra se quedó anonada al ver la lujosa y deslumbrante camioneta que esperaba por ellos, si así era por fuera no quería imaginar el interior. Un hombre altísimo, de alrededor treinta y cinco años, trajeado totalmente de negro, elegante, robusto y fuerte, estaba al pie de esta sosteniendo abierta una de las puertas.
—¿La señorita nos acompaña, señor? — preguntó aparentemente extrañado el hombre de ojos verdes.
—Ja, como si fuera la primera mujer que se subía al carro de su jefe—pensó Alessandra al notar su desconcierto.
—Sí, Dante, ella va conmigo hoy.
El hombre asintió sin decir nada más y Dominic le ofreció entrar primero, esa camioneta era más lujosa que su propio departamento ¡wow! Él se subió tras ella, se sentó a su lado, aunque en el otro extremo de la ventanilla, por último, el guardaespaldas tomó el asiento del piloto y arrancó a toda velocidad. Iban separados como si temieran tocarse, Alessandra ni siquiera se movía y eso le provocaba a Dominic serias ganas de reír. Se veía asustada, como un conejito indefenso, ¿acaso pensaba que en serio le haría algo malo?, que mal concepto tenía de él, tampoco era capaz de llegar a esos extremos. Notó como Dante veía con insistencia por el retrovisor a la hermosa mujer de ojos verdes y cabello castaño que esa noche los acompañaba, posiblemente impresionado, pues por increíble que pareciera, Alessandra era la primer mujer que subía a uno de sus autos (aparte de su mamá, pero eso no contaba). Había estado con muchas mujeres, claro, no obstante, siempre quedaban de encontrase en algún lugar, nunca, NUNCA, las llevaba con él. Y por alguna razón, no le incomodaba que ella fuera la primera, al contrario, se sentía cómodo, sin embargo, eso no significaba nada, él jamás cambiaría la vida que tenía por estar con una sola, no creía en el amor, ni nada que tuviera que ver con romances, además. ¿por qué pensaba en ello? ¿Qué rayos pasaba en su cabeza? Necesitaba dormir, urgente, el agotamiento estaba haciendo desastres en su organismo.
Alessandra le dio la dirección a Dante, luego de que Dominic diera la orden de que la llevaran hasta su casa, este tomó un desvío para llegar más rápido al lugar de destino, pero por cada atajo que buscaba, las calles estaban totalmente cubiertas de nieve, en un instante, la camioneta se detuvo casi abruptamente y puso alerta a ambos, sobre todo a ella.
—¿Qué sucede, Dante? —cuestionó Dominic, al sentir que estuvieron detenidos más del tiempo necesario.
—Las calles están atascadas, señor, el nivel de nieve es más alto por aquí, esta zona es más baja, si entro ahí, dudo mucho que pueda salir después— mencionó el hombre—. Ese coche que ve ahí, está atrapado en la nieve—indicó.
—¿Y no hay otra ruta que puedas tomar? —interrogó nuevamente su jefe, mientras observaba el auto detenido a media vía y a unas cuantas calles.
—He tomado varios desvíos, pero el nivel de nieve está igual en todos, puedo probar entrar, aunque no le aseguro que salgamos.
—No, prefiero que no—objetó pensativo— ¿Hay algún otro lugar al que la pueda llevar, señorita D'Santi? —dudo mucho que podamos llegar a su departamento en estas condiciones, la nieve cada vez cae más fuerte—informó él viéndola.
—No tengo otro lugar a donde ir, mi mejor amiga vive en el mismo edificio que yo, la única solución es que... me vaya caminando, no creo que mi departamento esté muy lejos—murmuró nerviosa.
—Disculpe me entrometa, señor Lombardo, pero no creo que sea sensato que se vaya caminando, es muy peligroso y como puede ver, no hay nadie alrededor, difícilmente podrá caminar con toda esta nieve a su paso—intervino su chofer y escolta.
—Yo tampoco lo creo sensato, Alessandra, no permitiré que se vaya caminando, aparte, mi hermano me mataría si algo le pasa—. Esto último lo dijo solo para que ella escuchara.
La castaña se ruborizó, no por sus palabras, sino, porque su nombre sonaba alucinante en sus labios.
—No se me ocurre nada mejor— admitió en voz baja.
Dominic se pasó una mano por el cabello.
—Podría... llevarla a mi casa, creo que es la única opción en este momento— sugirió, muy poco convencido de que eso fuera lo mejor.
—No, no, debe haber otra solución—manifestó ella de inmediato, sintiendo que el rostro le ardía—. Puedo quedarme en un hotel—añadió después.
—Bueno, eso me parece una buena idea— la secundó Dominic casi con alivio.
—Señor, disculpe me inmiscuya de nuevo—escucharon decir a Dante—. Pero, no hay un hotel por aquí cerca, ha comenzado a llover y a nevar más fuerte, si tomo otro desvío para buscar un hotel, lo más seguro es que para cuando quiera llevarlo de vuelta, las calles no puedan transitarse, con mi experiencia, le recomiendo con todo respeto, que nos vayamos a su casa.
Dominic miró a Alessandra nuevamente y pudo notar su temor, otra mujer en su lugar, estuviera feliz, en cambio ella, no, más bien, parecía tenerle miedo. Era increíble y lo más asombroso de todo, es que también en eso sería la primera, la primera chica en conocer su espacio personal y la última, porque era obvio que solo por esa ocasión la llevaría, ni modo que la dejara en la calle tirada, al libre albedrío, no quería imaginar a Vittorio como se pondría si hacía eso, la situación lo requería y no había nada más que hacer.
—Hay muchas habitaciones disponibles en mi casa —le dijo para calmarla un poco—. Como verá, no hay otra cosa que podamos hacer de momento, si pudiera llevarla a su departamento, con gusto lo haría, pero la ocasión no lo permite.
—Entiendo —musitó resignada, pensando que tal vez, su chofer, estaba aliado junto con él, para que todo apuntara a que la mejor opción, era pasar la noche en casa del magnate, sin embargo, lo pensó bien y descartó la idea de su cabeza, Dominic no había intentado nada con ella las últimas semanas, apenas y la había mirado, además, parecía verdaderamente incomodo de tener que llevarla con él y lo entendía.
El silencio fue tenso el resto del trayecto, tal y como Dante lo dijo, en la zona donde estaba la residencia Lombardo, las calles estaban menos atascadas, se encontraba situada en un lugar más alto y privilegiado, así que tenían tiempo para llegar bien, porque en unos minutos más, sería imposible. Desde el momento que se adentraron en el sector, el cambio se notó al instante, el lugar era distinto, por no llamarlo de otra manera, era evidente que solo personas de alto estatus residían ahí, personas con muchos y muchos millones de libras esterlinas en sus cuentas bancarias. Las impresionantes mansiones se vislumbraban muy poco debido a que estaban resguardadas tras amplias murallas que las bordeaban, los decorados navideños también podían verse a lo lejos, era otra cosa vivir ahí.
Un ostentoso y amplio enrejado eléctrico se abrió de par en par, para dar paso a la distinguida mansión. Alessandra tragó saliva al vislumbrar aquel imponente lugar que parecía sacado de película, ya era de noche y la nieve caía copiosamente junto con la lluvia, entraron por un subterráneo hasta llegar a un estacionamiento lleno de distintos tipos de autos. Los lujos que se daba la gente con tanto dinero, ella con costo y tenía su pequeño coche, un Volkswagen Bettle del año anterior. Había cámaras de seguridad por todos lados, lo que era obvio, ya que él era una persona importante. Unos hombres trajeados al igual que Dante vigilaban el lugar, se les veía aparecer y desaparecer de repente, como si fueran fantasmas.
Bajaron del auto y al igual que con Dante, Alessandra notó como dos de los hombres que alcanzó a ver, se impresionaron al verla, ¿Por qué les parecía tan raro verla ahí si seguramente llevaba a cientos de mujeres? ¡Qué pena, probablemente pensarían que era una más de su lista! La lluvia se escuchaba muy fuerte afuera y el frío comenzaba a calarles los huesos. Tomaron un elevador, para subir al piso superior, ahora estaban nuevamente solos, sintiéndose inquietos y sin saber ninguno que decir. Fueron segundos los que tardaron en llegar, la distancia entre un piso y otro era poca, al abrirse por fin las puertas del ascensor, a Alessandra casi se le desencaja la mandíbula al ver aquel lujoso vestíbulo.
Salió detrás de él y sin poder evitarlo, se quedó admirando todo alrededor, la pila de escaleras largas, echas de mármol y acabados de lujo que guiaban a otro piso superior, fue lo primero que vieron sus ojos, el toque elegante y sofisticado de cada cosa que había ahí, denotaban el buen gusto del dueño, desde un pequeño florero, hasta la alfombra, todo, absolutamente todo, era refinado y hermoso.

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