—No tengo nada que decirte, es tu pasado y ya te dije que no puedo señalarte por eso—contestó cabizbaja, tratando de ocultar su desilusión.
Dominic notó su semblante y se le estrujó el corazón. Alessandra se levantó de su sitio, le dio la espalda y se mantuvo unos segundos en silencio contemplando el panorama que el precioso jardín iluminado le regalaba.
—No te molestes conmigo, por favor— suplicó deprimido—. Estoy muy arrepentido de lo que hice y tampoco soy ese mismo joven inmaduro que una vez fui—agregó abrazándola por detrás y rodeando con sus manos su estrecha cintura, para luego pegarla a su pecho, acomodó su cabeza en el cuenco de su delicado cuello y aspiró su fascinante aroma femenino—. La Amaba.
Ella se estremeció ante ese contacto tan cálido e íntimo. A pesar de estar decepcionada por su antiguo proceder, no podía evitar sentir esa adrenalina que recorría su cuerpo cada vez que él la tocaba y acercaba de esa forma.
—No estoy molesta, solo estoy...desconcertada—admitió, girando entre sus brazos hasta quedar cara a cara—. Sus ojos estaban enrojecidos y brillantes de lágrimas, quería ocultar de alguna forma su desilusión, sin embargo, era inevitable, su mirada la delataba.
Él la observó con fijeza, solo Dios sabía el miedo que tenía de perderla. ¿Por qué mierda su pasado tenía que volver a atormentarlo? Temía, en ese instante, de verdad temía por el futuro. Niccolo todavía le guardaba rencor y estaba seguro de que no se quedaría tranquilo, hasta hacerlo pagar de alguna manera y ya había encontrado su principal debilidad, Alessandra.
—Eres todo para mí, mi amor —le susurró Dominic, mientras la abrazaba con fuerza—. No supo porqué, pero esa noche, experimentó una especie de miedo que jamás había sentido
—Tu significas lo mismo para mí—respondió ella abrazándolo con la misma intensidad—. Al igual que él, tenía miedo, fue una sensación extraña que los dos experimentaron en igual magnitud, como si algo que les molestara en el pecho, solo que ninguno se animó a decirlo—. Debo irme a casa, es tarde.
—¿Tan pronto?
—Estoy cansada—mintió—. La verdad era que necesitaba pensar en todo lo que él le había dicho.
—Quédate conmigo—le pidió, no quería separarse de ella esa noche.
—No traje nada para cambiarme—quiso excusarse.
—Puedes usar la ropa de Victoria o podemos ir a tu departamento a buscar lo que necesites—insistió.
—Dominic, no—lo miró a los ojos y este entendió perfectamente el mensaje—Quiero estar sola—terminó de decir, para asegurarse de que le entendiera.
—Está bien, pero al menos, déjame llevarte hasta tu casa, ¿sí? —Que Dante se lleve tu coche.
Ella asintió resignada. No tenía caso decirle que no.
Él se dio la vuelta para esconder su disgusto y dirigirse a uno de los estacionamientos. Era un estúpido, ¿cómo pretendía que ella quisiera seguir con la relación después de lo que acababa de revelarle? Probablemente después de esa noche, Alessandra no querría volver a verlo.
El trayecto al departamento fue tenso, silencioso, ninguno emitió palabra o sonido alguno, simplemente en ocasiones, se limitaron a mirarse, pero tan pronto como rompían el contacto, volvían a perderse en sus cavilaciones.
—¿Vas a dejarme? —interrogó Dominic de pronto, lo más sereno posible, aunque por dentro sus emociones estuvieran vueltas un caos—. No la miraba, tenía la vista perdida en algún punto del frente, estaban aparcados frente al edificio donde vivía Alessandra. —Si es así, dímelo ya —añadió. Que de una vez se lo dijera, ¿para qué alargarle más su agonía?
—¿Es eso lo que quieres? ¿Qué te deje?
—Por supuesto que no— negó él mirándola de inmediato y tomando sus manos entre las suyas—. Lo que más deseo es que estemos juntos, pero, me asusta verte así, después de lo que te dije, estás diferente, te siento distinta y entonces no sé qué pensar— expresó con el rostro afligido.
—Necesito ordenar mis ideas, Dominic, lo que me has dicho no es sencillo, ¿cómo quieres que esté? —Sé que es tu vida, tu historia, tu pasado y ya no se puede volver el tiempo atrás, sin embargo, tampoco esperes que me comporte como si nada hubiera pasado—. No es fácil escuchar a tu novio confesarte que hizo una cosa así, no es…fácil—repitió con la voz quebrada.
Él sintió como si una daga ardiente perforara su pecho al notarla tan afectada y lo único que pudo hacer, fue abrazarla con fuerza una vez más. Su maldito pasado, estaba pasándole la factura y donde más le dolía.
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—¿Señorita Alessandra D'Santi? — preguntó un chico de mediana estatura, piel canela y ojos marrones, vestido con el uniforme azul de una prestigiosa floristería y cargando un asombroso y pesado arreglo de tulipanes entre sus manos.
—Sí, soy yo—confirmó Alessandra poniéndose en pie y suspendiendo momentáneamente la tarea que desempeñaba esa mañana—. Había llegado un poco más temprano de lo usual a las oficinas de Lombardo Enterprises Inc, ese día, Dominic, Vittorio y Clara, todavía no llegaban, únicamente la recepcionista y ella se encontraban en todo el piso.
—Traigo esto para usted—anunció el chico—¿Dónde lo pongo?
—Déjelo sobre el escritorio, por favor—indicó emocionada, moviendo unas cosas para hacerle espacio al espectacular detalle que seguramente Dominic, le había enviado.
—Me firma aquí, por favor.
—Claro—sonrió.
Una vez que el chico se retiró, se apresuró a abrir la nota que traía el suntuoso arreglo, esperando encontrar una preciosa dedicatoria de su apuesto novio, pero, al abrirla y leer el contenido, la sonrisa se le esfumó instantáneamente de los labios.
“Un pequeño obsequio, para una hermosa mujer, de un caballero arrepentido por su mal proceder. Lamento mucho haberla juzgado mal cuando nos conocimos, sé que este detalle no cambiará en nada su mala opinión sobre mí, pero espero algún día, tener la oportunidad de enmendar mi error y demostrar que no soy la persona desagradable que seguramente cree que soy”
Que tenga un precioso día, como sus bellos ojos.
Niccolo P.

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