Entrar Via

Impacto italiano romance Capítulo 50

Esa noche lluviosa de primavera, después de trabajar, decidieron ir a cenar al departamento de Alessandra, era una buena opción ya que los medios últimamente estaban sobre Dominic, lo mejor sería no exponerse y mantener un perfil bajo hasta que las aguas se apaciguaran. Ella le dio un tour por el pequeño lugar, pues la última vez que él había estado ahí, tan solo permaneció en la sala.

El magnate se quedó impresionado de lo ordenado y limpio que estaba todo, a pesar de vivir sola y sin la ayuda de nadie, el apartamento estaba tan esmeradamente aseado e impoluto, se notaba el toque femenino y hogareño por cualquier parte que se le admirara. Aunque sin duda, lo que más le había gustado, fue su modesta habitación decorada y pintada en tonos rosas, Alessandra era única y por eso precisamente, estaba loco por ella.

—¿Qué sucede, mi amor? ¿Por qué no has comido casi nada? —reguntó Dominic observándola con atención—. Ella apenas había tocado su plato—. ¿No te gustó lo que prepararé? —fingió indignación, para eliminar un poco la palpable tensión.

Alessandra sonrió a medias.

—Claro que me gustó, viniendo de un chef profesional y guapo como tú, ¿a quién no le gustaría?

—Mmmm, pues a mí no me lo parece, tienes casi toda la cena en tu plato y tan solo has dado dos escasos bocados.

—No tengo tanto apetito esta noche, pero, te aseguro que está muy rico, lo guardaré y lo comeré más tarde.

Él tomó una de sus manos.

—Princesa, por favor, olvida lo que pasó—besó su muñeca—. No le demos gusto a ese tipo de vernos mal, tú misma me lo dijiste hoy, su única intención es provocarme y lo está logrando, porque verte así, no me gusta. —Yo quiero verte sonreír, quiero ver tus ojos brillar y que no te preocupes por nada más.

—Lo sé, lo sé y lo siento, mi intención no es preocuparte, ya se me pasará, te lo prometo—sonrió—. Han sido tantas cosas, en tan poco tiempo, que me es un poco difícil asimilarlas, eso es todo.

—Comprendo, pero al menos, inténtalo, ¿sí?, por favor—. Mi deseo siempre es verte feliz, Alessandra y estoy dispuesto a todo para que así sea.

Ella volvió a sonreir con ternura, tomó su rostro entre sus manos y depositó un suave beso sobre sus labios.

Cuando Alessandra terminó de levantar la mesa con la ayuda de él, lavar los trastos sucios, secarlos y colocarlos en su lugar, se dirigieron a la sala para despedirse. Fue verdaderamente épico ver a Dominic cocinando en su departamento, sería algo que jamás olvidaría. La imagen de un hombre tan imponente, poderoso y sensual como él, con las mangas de la elegante y costosa camisa remangadas hasta el codo, mientras preparaba la cena, había sido excepcional. Le encantó verlo en esa faceta suya tan privada y una que seguramente nadie más conocía, ni siquiera le permitió ayudarlo, ella permaneció todo el tiempo sentada, observándolo desde una silla alta y apoyada en una pequeña isla de fina madera que servía como división entre la cocina y el comedor.

—El viernes salgo de viaje— comentó él, cuando se separaron del fuerte abrazo en el que habían permanecido unidos varios segundos.

Ella suspiró con tristeza.

—¿De nuevo?

—Lamentablemente, sí—musitó él también desanimado, no le gustaba que estuvieran separados tantos días, se había dado cuenta de que Alessandra, era prácticamente su oxígeno y que sin ella, no podía vivir—. Le asustaba sentirse tan perdidamente enamorado y amarla con esa magnitud, era un sentimiento hermoso y a la vez peligroso.

—¿Por cuánto tiempo te vas ahora?

—Mínimo dos semanas, aunque, el viaje podría extenderse unos días más, dependiendo de cómo se resuelvan las cosas—. Hay varios lugares a los que debo ir, primero Moscú, luego Estambul y por último, Edimburgo. Se supone que debería ir también a Los Ángeles, pero, no creo que pueda, le pediré a Vittorio que se encargue de ello.

—Son muchas ciudades—murmuró cabizbaja, sintiendo que desde ese momento lo extrañaba.

—Quédate conmigo esta noche y todos los días que faltan antes de que me vaya—le pidió, acercándola más a su cuerpo—. Te extraño y no quiero separarme de ti, ya la sola idea de saber que no te veré por las siguientes dos o tres semanas, me agobia, al menos, deberíamos aprovechar todo el tiempo que nos sea posible. —Si pudiera te llevaría conmigo, sin embargo, dudo que Vittorio quiera y bueno, Clara me acompañará.

—Mmmm, voy a ponerme celosa de Clara—bromeó ella haciendo pucheros.

Dominic se carcajeó.

—¿Qué?, no, ¡Cómo crees! —Clara lleva varios años trabajando para mí y jamás se me ha cruzado por la cabeza la idea de tener algo con ella, además, teniendo una mujer como tú a mi lado, es imposible que me interese en alguien más.

—Eso espero señor Lombardo, porque si no, perderá a esta preciosura— dijo Alessandra divertida y resuelta.

El volvió a carcajearse.

—Entonces, ¿qué dices? ¿Te quedarás conmigo estos días?

Ella pretendió considerarlo.

—No lo sé, no debería, pero mentiría si te dijera que no quiero hacerlo, además, la causa lo vale.

—¿Eso es un sí? —inquirió él sonriente alzando una ceja.

—Sí—confirmó apenada.

Dominic la abrazó fuerte inundado de felicidad y luego la besó con suma delicadeza, acariciando y disfrutando cada centímetro de esos apetecibles, carnosos y adictivos labios.

—Te Amo Dominic—susurró ella mirándolo a los ojos.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Impacto italiano