La mano del hombre sostenía la pluma con firmeza. Sus venas se marcaban ligeramente bajo la piel, y en su muñeca brillaba un reloj exclusivo que emitía un destello azulado.
Con un trazo agresivo y decidido, Hugo estampó su última firma.
Miguel recibió los papeles con ambas manos. Al notar que Hugo parecía estar de mejor humor, se atrevió a hablar.
—La señora Yáñez llamó hoy. Quiere que vaya a la casa familiar la próxima semana.
Hugo lo miró con indiferencia, su rostro iluminado fugazmente por las farolas de la calle.
Miguel se sintió un poco intimidado; había pensado mucho en cómo darle esa noticia.
—El joven Julián Herrera ha vuelto. Dice que llevará a su novia para presentarla a la familia.
Hugo entrelazó los dedos y su mirada se oscureció.
—Julián es un Herrera. ¿Qué tiene que ir a hacer a la casa de los Yáñez?
—Eso no lo sé, señor —respondió Miguel con una risa nerviosa—. Yo solo soy el mensajero.
Hugo cerró los ojos para descansar, ignorándolo. Miguel lo miró de reojo sin notar ninguna reacción.
*En el fondo, terminó suspirando. Al parecer, la rabieta del señor Yáñez en la oficina había sido solo algo pasajero. Para él, la secretaria Vania nunca podría compararse con Cristina, la mujer que siempre quiso y nunca pudo tener.*
Al ver que no respondía, Miguel insistió con cuidado:
—Entonces... ¿le digo a la señora que no irá?
Hugo tardó un buen rato en abrir sus oscuros ojos, con una expresión ilegible.
—No te tomes atribuciones que no te corresponden —soltó con calma.
El hombre adoptó una postura más relajada, recargándose contra el asiento.
De pronto, su celular vibró en su bolsillo.
Al sacarlo, la pantalla mostró el nombre de Cristina.
Frunció un poco el ceño y, por costumbre, contestó de inmediato.
Aprovechando que Hugo ya estaba desocupado, se animó a contestar.
—Buenas noches, llamamos del Preescolar Lucero. ¿Hablamos con el papá de la alumna Luna Zapata? La niña sigue en el colegio. Su mamá no ha venido por ella y no contesta el teléfono. ¿Podría venir usted?
Miguel estaba seguro de que Hugo había escuchado todo con claridad.
La escuela exigía dos números de contacto. Uno era el de Vania, y para el otro, Hugo había ordenado que dieran el de Miguel.
Hugo nunca daba la cara; si pasaba algo, Miguel se encargaba de resolverlo.
Claro que, en esos cinco años, Miguel jamás había tenido que intervenir. Vania siempre había cuidado de Luna a la perfección.
—Señor Yáñez, ¿qué hacemos? ¿Vamos primero a recoger a la niña o...? —preguntó Miguel en un susurro, tapando el micrófono del celular.
El rostro de Hugo no mostró ni una pizca de emoción.
—No tengo tiempo. Llámale a Vania. Llámala hasta que conteste.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...