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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 330

Ni los ingenieros de Corporativo Alba ni los de Grupo Nexo se atrevieron a abrir la boca. La palabra de Hugo era la ley suprema.

Durante los años que Vania trabajó en Alba, Hugo nunca le dio crédito por su talento ni reconoció sus logros.

Y ahora que había sido reclutada por Nexo, le seguía importando un comino.

Algunos empleados ya estaban sonriendo con malicia.

*Queda claro que para triunfar se necesita verdadero talento,* pensaban. *Esta exsecretaria intentó usar a Nexo para volver a Alba con aires de grandeza, pero el señor Yáñez la volvió a ignorar por ser una incompetente.*

Al recordar cómo Vania había estado perdidamente enamorada de él, a todos les dio vergüenza ajena.

Adrián Mendoza regresó, negó con la cabeza y se llevó a sus ingenieros técnicos sin siquiera despedirse.

Preocupado de que Vania se sintiera humillada, Yago se acercó a ella.

—No les hagas caso.

Que Hugo rechazara el consejo técnico de Vania era una cosa, pero ¿hablar de ir a recoger al niño en medio de una junta profesional?

Era justo la hora en que Lunita salía del preescolar. Hugo iría a recoger al hijo de Cristina, y tuvo el descaro de presumirlo frente a la mismísima madre de su hija.

Si no fuera por mantener el profesionalismo frente a los equipos, Yago le habría roto la mandíbula a Hugo de un puñetazo.

—No te preocupes, Yago. De todas formas, voy a preparar ese reporte. Si esto afecta a Nexo y al proyecto, es irrelevante si Hugo quiere ignorarlo o no.

—Es mejor estar preparados para lo peor. Si él se niega a hacer las correcciones, nos encargaremos nosotros mismos.

Vania no sentía ni una pizca de celos ni tristeza por la escena familiar entre Hugo y Cristina.

De hecho, ni siquiera pareció registrar el comentario sobre el niño.

Yago asintió con una sonrisa. Miró su reloj de pulsera.

—Creo que ya es hora de que vayamos por Lunita.

Vania parpadeó, sacudiendo la cabeza. Se había concentrado tanto en el caos del proyecto que casi se olvidaba de la hora de salida.

—Falta poco para las fiestas locales de la ciudad. Habrá un gran desfile y mucha comida. Deberíamos hacer una pausa con todo este estrés laboral y llevar a Lunita a la feria —sugirió Yago.

Era solo una propuesta casual, no esperaba que Vania aceptara de inmediato.

Ella le dedicó una sonrisa brillante y dulce.

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